lunes, 13 de febrero de 2012

Recomendación bibliográfica. Carmen Lyra" El cuento de su vida de Annie Lemistre Pujol, publicado por la Editorial Alma Mater



Recomendación bibliográfica.   Este fin de semana leí el libro "Carmen Lyra"  El cuento de su vida de Annie Lemistre Pujol, publicado por la Editorial Alma Mater.   El libro en sí está lleno de anécdotas y vivencias de Carmen Lyra

De pequeño mis abuelos maternos, zapateros y comunistas, contaban la crueldad de José Figueres.   Ellos contaban como Figueres quería asesinar a la que él llamaba la “prostituta” .  Asimismo el libro cuenta como
“María Isabel Carvajal estaba muy enferma.  Algunas personas decían que había contraído la fiebre tifoides. Otras, como Luisa González, dicen que tenía cáncer.  Había alcanzado los sesenta años.
La trayectoria, el género, la edad, ni siquiera la enfermedad pararon ese proceso. 
Por eso, dice Manuel Mora que pedí al Embajador de México asilo para ella, cuando llegaron a la Embajada  decirme que la gente  de Figueres comenzaba a llegar a San José – todavía no se había producido la entrada de Figueres  a San José – quien hablaba de sacar a su casa a Carmen Lyra  y arrastrarla por la calles.
… Cuando yo venía en el avión, desterrado, con Chabela, ya muy enferma y con Judith, tan buena, que cuidó a Chavela constantemente, durante el viaje y los primeros días de destierro, me di cuenta que estaban ametrallando el avión en el fondo de La Sabana antes del despegue y que no me habían acertado” (página 123)

La historia de la crueldad de Figueres, su miedo a Carmen Lyra y su negativa a que volviera a morir al país fueron parte de los muchos relatos que me contaban mis  abuelos  maternos, quienes también sufrieron la represión ulatista y figuerista encarnada en la frase a los calderocomunistas no les compren, no les vendan ni  las hablen.  Mis abuelos perdieron a sus hijos mayores  que sufrieron los embates de la poliomielitis.   

De seguro el  lector encontrará en el libro anécdotas similares y recuerdos de vivencias de familiares sobre uno de los iconos sociales de Costa Rica.    En especial para aquellos que resultaron perdedores en la Guerra Civil orquestada desde hacía muchos años por Figueres y sus hombres.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Carta de Carmen Lyra al camarada Manuel Mora sobre la Caja Costarricense de Seguro Social


Secretario del Partido VANGUARDIA POPULAR Compañero Manuel Mora V.


Estimado señor:

Me dirijo a Ud. para pedirle que nos aclare ciertas dudas que, con respecto al Seguro Social existen en la base de nuestro Partido.

El Seguro Social es una conquista de los trabajadores organizados, llevada a cabo a través de muchos años de lucha y de muchos sacrificios. No fue una graciosa concesión del Congreso ni un regalo demagógico del Doctor Calderón Guardia, como han querido presentarlo los defensores de los privilegios de nuestros capitalistas sin ninguna visión social. La creación del Seguro respondió a la necesidad, fue un órgano creado por la necesidad. Fue la respuesta de un Presidente de nobles aspiraciones de un estadista humano, a la demanda de los trabajadores más conscientes, demanda que había venido precisándose a lo largo de mucho tiempo. Por lo tanto, la marcha del Seguro Social no puede sernos indiferente a los vanguardistas que por lograr este apoyo para los obreros y los campesinos que viven en nuestro suelo, hemos hecho tantas concesiones, algunas de las cuales nos han desprestigiado ante los ojos de más de un ingenuo puritano.

Yo oigo a compañeros que son trabajadores asegurados, quejarse a menudo de los servicios del Hospital y de la Policlínica del Seguro:
del incumplimiento de los médicos que con frecuencia no llegan a su despacho a la hora fijada por el Reglamento, de que después de las seis de la tarde no se encuentra un médico en el Hospital del Seguro; de la indisciplina y desorganización del hospital. En Desamparados los trabajadores están descontentos porque los servicios médicos del Seguro no se han organizado bien, en Pavas se quejan de que el médico no cumple: en Turrialba parece que a la Caja le falta energía para obligar a los patronos a enviar con regularidad las planillas, lo cual trae como resultado que no pague a los trabajadores de medio salario, que se les deje a merced del "buen corazón" del finquero; que prefieren callarse a reclamar ante la jugarreta que se hace a sus intereses, para no verse despedidos de la hacienda.

En setiembre del año pasado se dio la Ley de las Casas Baratas para los trabajadores, ley que debía cumplirse en el término de tres meses.
Han pasado los tres meses y no hemos visto que se inicie la realización.

¿Acaso hay entre los encargados, de vigilar la buena marcha del Seguro, personas que no tienen interés en el cumplimiento del reglamento respectivo? ¿Acaso hay empleados, a quienes no les importa el buen nombre del Seguro y que más bien están inclinados al sabotaje?

Pensamos que el Seguro debe estar dirigido por personas conscientes del significado social de esta institución por gente empeñada en prestigiarla y no en desprestigiarla. Hay que tomar muy en cuenta los intereses creados que han sido puestos en juego para presentar el Seguro como una trampa política, como una fuente de buenos sueldos para unos privilegiados, como un algo que pasa de ser "atolillo con el dedo".

Nosotros queremos defender el Seguro, contra todos los peligros que lo rodean y tenemos empeño en librarlo de la corrupción burocrática.
MUCHO HA COSTADO A LOS TRABAJADORES ORGANIZADOS EL SEGURO SOCIAL PARA QUE VAYAN A PERMITIR QUE UNOS CUANTOS COMODIDOSOS LO CONVIERTAN EN PILA DE AGUA BENDITA*. Y estamos dispuestos a meter la nariz por todos los rincones propicios a la desorganización y la indisciplina para sacarlos a la luz. Estamos también seguros que Ud. y el Buró Político de Vanguardia Popular nos ayudarán a poner en claro nuestras dudas con respecto a las actividades del Seguro Social.
Un saludo de

CARMEN LYRA.

Tomado del periódico TRABAJO, Sábado 2 de marzo

domingo, 24 de julio de 2011

El asesinato de Viviana Gallardo: memoria e impunidad

Hace treinta años, siendo un adolescente que cursaba su último año de secundaria, me impactó profundamente la noticia del asesinato a mansalva de Viviana Gallardo en la madrugada del 1 de julio de 1981, perpetrado por el cabo José Manuel Bolaños, en la celda que ocupaba, junto a otras acusadas de terrorismo: Magali Salazar Nassar y Alejandra Bonilla Leiva, crimen ocurrido en la Primera Comisaría de San José, que se encontraba en las inmediaciones de la antigua Penitenciaría Central.  Esta joven menuda, de escasos 18 años y 1,52 metros de estatura, que cursaba su primer año universitario, fue detenida tres meses atrás, el 12 de junio de 1981, según las autoridades policiales y la prensa, en el marco de un operativo policial que frustra el intento de lo que se denominó “operación Mole”, por parte de un grupo guerrillero conocido por su nombre en clave “La Familia” al que se nos indica pertenecía Gallardo, operación que pretendía volar el busto de John F. Kennedy, ubicado antiguamente en el parque de San Pedro, concebida como acción simbólica de contenido antiimperialista. En la persecución y el tiroteo murieron tres oficiales de policía: Rafael Godínez Mora, Luis Martínez Hall, Luis Anchía Álvarez, el taxista Miguel Aguilar Porras, y Carlos Gerardo Enríquez Solano, sindicado como integrante  del grupo “la Familia”.
Sobre estos trágicos hechos, que ha rememorado La Nación desde su portada y en sendos reportajes de dos planas en su edición  del día 2 de julio y luego dedicado su Editorial del día 8 de julio, me permito señalar lo siguiente:
No hay que perder de vista el contexto en que se producen estos trágicos hechos, determinado por una intensa confrontación social y política que sacude al istmo centroamericano. Poco menos de dos años antes se producía la insurrección que derribó a la dictadura somocista, y ya para esas fechas empezaba una prolongada y cruenta contraofensiva política y militar de los Estados Unidos, que alcanza su apogeo con la administración republicana de Ronald Reagan, que entrenó, financió y armó hasta los dientes a la contra nicaragüense y en general impulsó en toda la región  la guerra de baja intensidad “antisubversiva”,  que se expresaba con la ocupación militar norteamericana de Honduras  y la respuesta a las movilizaciones y combates guerrilleros contra las dictaduras de El Salvador y Guatemala, proceso que coincide en Costa Rica con un una situación de agitación social y política en el marco de la crisis económica, que pega un salto en el último año de la administración Carazo Odio. De manera que es en ese contexto que debe entenderse el asesinato de Viviana Gallardo.
Es más que evidente, aún hoy, que el ejecutor del asesinato no actuó solo, debió necesariamente contar con cómplices y  la complacencia de las autoridades superiores, para acribillar en su celda a Gallardo. El silencio de más de veinte año del cabo Bolaños, su condena benigna que le permitió trabajar de día y dormir en la cárcel, el beneficio de libertad condicional que le fue otorgado el 30 de septiembre de 1987, oscurecen aún más el caso y evidencian la impunidad en que se mantiene, especialmente en relación a los autores intelectuales del crimen. Asimismo, otra parte siniestra de la historia es la de los mecanismos de infiltración, la historia de la delación al interior del grupo “La Familia” que aún permanece oculta.
Finalmente, hay que preguntarse por qué tanto interés de La Nación en este tema. La respuesta parece que la encontramos en su Editorial del 8 de julio con el título “En Costa Rica sí es posible”, en el que indica que en Costa Rica se pueden volver a presentar hechos como estos, y resalta que las y los “terroristas” fueron jóvenes universitarios: “(…) reclutados para subvertir el orden por medios violentos, sin más justificación que el fanatismo incubado en sus mentes dúctiles y escasas de formación”. Y más adelante, refiriéndose a las y los 20 detenidos vinculados al  grupo “la Familia”,  agrega el editorialista: “Todos eran universitarios, profesores y alumnos. No era un grupo pequeño y su potencial para hacer daño quedó bien demostrado”.
Al respecto, esperamos que estas referencias  no sean un pretexto para relanzar una nueva cacería de brujas contra la izquierda en general, y contra las y los universitarios en particular, como ya lo sufrimos con la campaña mediática contra la “autonomía universitaria” y las y los “chancletudos”, que se operó a partir de la brutal invasión del OIJ al campus el 12 de abril del año pasado. En todo caso, llamamos a estar alertas y defender las libertades democráticas, por que ciertamente el mundo y el área de nuevo experimentan una profunda crisis social, económica y política, que revela la decadencia del sistema capitalista, y en ese marco, los grupos de poder tienden a recurrir cada vez con más frecuencia a las salidas represivas.