domingo, 14 de febrero de 2010

¿Qué es el calderocomunismo?

Calderocomunismo





El calderocomunismo fue un movimiento social y político que resultó de una mezcla muy heterodoxa de doctrinas político ideológicas, prácticas político electorales y representaciones sociales en Costa Rica. Por esa mezcla se muestra más como un movimiento que se mueve entre la realidad y la utopía, utilizando la alianza entre la Iglesia Católica, el partido Comunista y el Partido Republicano Nacional como un elemento de unión para sus aspiraciones sociales.

Se puede indicar que el calderocomunismo surge en los años 1940 bajo el liderazgo de dos caudillos Rafael Ángel Calderón Guardia y Manuel Mora Valverde. El primero de ellos era de tendencia liberal con gran sensibilidad a las doctrinas socialcristianas. El segundo representaba una tendencia más social inspirada en el comunismo.

El apoyo de Manuel Mora y el de Partido Vanguardia Popular a las reformas sociales de Calderón Guardia y el apoyo electoral en 1944 a la candidatura de Teodoro Picado, fueron claves no sólo para el triunfo contra León Cortés, sino también en la imagen de una unión de un socialcristianismo comprometido con los más pobres y no sólo como una manifestación de dominio de la Iglesia Católica para negociar con los diferentes grupos políticos. La beligerancia en la defensa de la reforma social por parte del Partido Comunista tanto en el campo laboral como en la denominada Guerra Civil de 1948 crearon una gran lealtad por este partido, aún cuando los partidarios del calderocomunismo no fueran en “strictu sensu” comunistas.


Si bien, tanto Calderón como Valverde representaban fuerzas político sociales mucho mayores, en ellos se tendió en concentrar una centralidad en las reformas sociales que merecía lealtad político electoral. Ambos fueron imaginados por los calderocomunistas como los personajes más importantes dentro de la Reforma Social y la denominada Revolución de 1948.


A partir de la guerra civil de 1948, de ambas tendencias se hereda una particular tendencia antiliberacionista, una aspiración a la radicalización de las reformas sociales logradas en la década de 1940 y una lealtad a la figura del doctor Rafael Ángel Calderón Guardia y al Partido Comunista. A Calderón se le considera y recuerda como el gran reformador social de Costa Rica, mientras a Manuel Mora y al Partido Vanguardia Popular como los más fieles defensores de la reforma.

El punto central de las representaciones sociales del calderocomunismo nace de un ideario de lucha. En primer lugar se cita la defensa a toda costa del Código de Trabajo y la política social del doctor Calderón Guardia; en segundo lugar la lucha para salvar al país de los intereses de la burguesía, de los cafetaleros, los azucareros y algunos empresarios que no estaban contentos con los beneficios otorgados a los trabajadores y tener la aspiración de lograr mayores reformas para la mayor cantidad de personas.

El calderocomunismo se dio formalmente como práctica político electoral desde 1953 cuando muchos de ellos se negaron a votar. En 1958, cuando retornó el doctor Rafael Ángel Calderón de su exilio se reforzó la lealtad al doctor y al partido comunista. A partir de este momento se comenzó a votar en cada elección la presidencia de acuerdo al partido donde se ubicara el “doctor”. No obstante, los candidatos para diputados y munícipes se votaban por candidatos del partido comunista.

Aunque el doctor y el partido comunista nunca llegaron a la presidencia ejercieron un gran peso en los partidos de oposición a Liberación Nacional. Así aunque en la oposición al PLN se reclutaba buena parte de la oligarquía cafetalera y empresarial conservadora, quienes únicamente recurrían al discurso social para atraerse a los sectores sociales menos favorecidos, lograba el apoyo a sus candidatos presidenciales usando un discurso social, que reclamaba la labor del doctor en la reforma social y la doctrina humanista de las encíclicas papales. Desgraciadamente, esto generó que las doctrinas sociales de la Iglesia fueran tomadas por la derecha más recalcitrante como ocurrió en otros países latinoamericanos y en España.

La adopción de la doctrina social de mercado en sustitución de la doctrina social de la Iglesia y la administración neoliberal y antipopular del hijo del caudillo, el Licenciado Rafael Ángel Calderón Fournier, dieron un duro golpe al calderocomunismo. Ambos eventos se produjeron en un contexto donde caía el muro de Berlín y el denominado socialismo realmente existente. Ello produjo que el calderocomunismo perdiera sus referentes utópicos e identitarios. No así las aspiraciones de una gran reforma.

A partir de esa fecha el mito se rehízo. La leyenda del calderocomunismo, en especial entre los más ancianos, fue reescrita, para ellos Calderón Fournier, aunque era hijo del doctor se decía que políticamente fue hijo de su tío Paco Calderón, figura gris dentro de las tradiciones calderocomunistas. Esa nueva invención se reforzó con los juicios por peculado y tráfico de influencias en el escándalo conocido como caso Caja del Seguro Social –Fischel. Escándalo que fue aprovechada por el periódico de derecha, La Nación, para desprestigiar el viejo mito calderocomunismo. Así figuras como Julio Rodríguez, principal defensor del denominado pacto Figueres Olsen – Calderón Fournier para la gobernabilidad de Costa Rica, que inició el reparto de los fondos estatales, se convirtiera en el principal acusador de la corrupción gestada por sus antiguos amigos, vistos ahora como corruptos. La labor del periódico La Nación como baluarte de las fuerzas conservadores y principal enemigo de los idearios del calderocomunismo está por ser estudiado.


El calderocomunismo se diferencia del “calderonismo de hueso colorado” en que este otro movimiento si bien comparte el apoyo incondicional hacia el Doctor Calderón Guardia y a sus herederos son en esencia anticomunistas. De esta forma, no aspiran a una agenda social sino a un caudillismo personalista que personifica por sí mismo la reforma social y una férrea oposición al figuerismo y a Liberación Nacional. Generalmente, les gusta auto denominarse “mariachis”.


Artículo de valoración Juan José Marín Hernández.

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