martes, 13 de julio de 2010

¿Quién salva al PUSC?

¿Quién salva al PUSC?


Esteban Gil Girón(*)

Malos vientos le han soplado al partido del Doctor…

Situaciones de dominio público lo han sacado de las grandes ligas de la política nacional, reduciendo su nivel al de una discreta presencia parlamentaria, promisoria tal vez para un partido que hace sus primeras armas, pero distante en todo caso a la gravitación que alguna vez tuvo.
Y cae solita la pregunta del millón…
¿Quién salvará al PUSC?
No lo salvará, ciertamente, quién fuera su líder hasta hace pocos años, por no haber sabido cultivar el espíritu de las reformas señeras cristalizadas durante el gobierno de su padre.
Tampoco su colega de infortunio, señor que se vino abajo desde hemisféricas alturas, ni vendrán a rescatarlo los lobos con piel de oveja que se hicieron cortesanos en el reino de la ineptitud pachequista.
No lo salvarán algunos diputados que llegan desesperados a desquitar a como haya lugar los gastos (inversión, dicen algunos) provocados por las campañas que los llevaron al primer poder de la República.
Ni esos señores de apellidos conocidos y bolsillos profundos, que se enriquecieron a la sombra del árbol protector del hijo del patriarca, a quién hoy abandonan porque lo saben jodido y lo presienten desahuciado.
Empero, por su raigambre histórica, el calderonismo no debería extinguirse, su condición original de caudalosa corriente social lo hace merecedor de un futuro distinto al recetado por su anacrónica dirigencia.
Porque sigue siendo, a pesar de todo, una entidad metida en el folclore político, un partido con potencial histórico y capital ideológico, armas que pudieran pertrecharlo para encarar los tiempos duros que están a la vuelta de la esquina, y si se diera cierta venturosa combinación de circunstancias, bien podría volver por sus fueros.
Mas por imperativas razones de higiene política, se impondría primero una meticulosa tarea de fumigación, cruzada que debería estar a cargo de una nueva generación portadora de su legado, descendientes, acaso, de esa masa fiel y nostálgica de calderonistas genuinos, gente nueva y con ideales, sin nexos con las cúpulas de ni padrinos escondidos.
Son ellos, antes que nadie, quiénes con un vigoroso regreso a las fuentes, podrían de veras rescatarlo y devolverle al movimiento el lugar que alguna vez tuvo.
En estos tiempos aciagos de capitalismo desbocado que cercena valores y acorrala a las mayorías, cualquier remozada trinchera con norte humano sería necesaria y bienvenida…

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