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martes, 23 de febrero de 2010

El apoteósico recibimiento al Dr. Calderón Guardia en 1958

El apoteósico recibimiento al Dr. Calderón Guardia en 1958

 

Columnista huésped | 23 de Junio 2008

Por Gonzalo Fajardo Salas
Tomado http://www.tribunademocratica.com/2008/06/el_apoteosico_recibimiento_al_dr_calderon_guardia_en_1958.html 

Vinieron los costarricenses desde los más recónditos lugares de la Patria. Desde la Zona Sur… y del Atlántico. Desde las llanuras de Sarapiquí y de San Carlos. Desde Guanacaste; o desde mi querida tierra … Puntarenas. Se movilizaron en sus propios medios de transporte. Unos, en bote, en panga o en lancha primero; y luego en tren desde los puertos. Otros, en cazadora, o en bus, como ahora decimos; o a pie; o en bicicleta, desde las barriadas y lugares vecinos a la capital.

Todos queríamos estar ahí. Fue un desplazamiento humano espontáneo. Sin precedentes en la historia nacional, que nunca más volvimos a ver. Lleno de fervor cívico, de agradecimiento y de profundo afecto. No acudieron por el llamado bullanguero de las cuñas divulgadas por la radio o por altavoces en las ciudades, barriadas y caseríos de nuestros pueblos. Tampoco estuvieron ahí: en el Paseo Colón; o en las avenidas y calles cercanas, porque se repartiera dinero o comida a quienes asistían; o para que se movilizaran en transporte pagado.

Fue una bella demostración sentida por miles de personas congregadas en calles, aceras y avenidas, como una poesía de amor y afecto sincero, que quería con su presencia -al menos verlo de lejos- para testimoniarle con un saludo, con su alegría y con un ¡VIVA CALDERÓN GUARDIA!, repetido una y otra vez, todo cuanto había hecho él por todos los costarricenses, especialmente por los trabajadores y campesinos; por los ancianos, enfermos y desvalidos; por los niños y los jóvenes, a riesgo grave de su vida y del bienestar propio y el de su familia.

No había diferencias sociales, ni distinciones en cuanto a la edad de quienes deseábamos estar ahí. Hombres, mujeres; niños y ancianos. Era una marea humana entusiasta y apacible. Paciente. Sin producir incidentes; ni tumultos. En espera de verlo aparecer, después de una década de ausencia. No recordamos turbas, ni malvivientes que hubieran aprovechado ese mar humano para hacer daño.

Esa multitud silenciosa, se movió al influjo de un único sentimiento y propósito. Teníamos que verlo. Nada importaba para muchos dormir a la intemperie. Movilizarse luego, después del magno evento, a como diera lugar. Eso no importaba. Lo que contaba era demostrarle al Dr. Calderón, Reformador Social de Costa Rica, su gratitud por todo lo que hizo por las grandes mayorías de nuestro país.

Ese reencuentro de un pueblo con su líder, con su conductor, fue una sinfonía. Luego de un doloroso exilio en México. Esa mirada profunda, cariñosa y llena de magnetismo del Dr. Calderón Guardia ¿cómo olvidarla? Fue correspondida con miles de aplausos y vivas entusiastas. ¿Y cómo no recordar sus brazos extendidos hacia el cielo y esas manos agitadas para saludar a quienes concurrimos al evento; o su inconfundible voz emocionada y entrecortada ante su pueblo?, no podemos olvidarnos de todo ello, y de mucho más, quienes vimos al Dr. Calderón, aunque fuera de lejos ante el imponente evento popular que presenciamos y vivimos.
Serenamente a la distancia, ahora medito y comprendo, que a mi edad no tuve las vivencias que miles tuvieron para estar ahí. Porque se entremezclaron sentimientos y recuerdos de cada quien. Pero estoy seguro que centenas de quienes asistieron al evento, también querían ver y expresar su agradecimiento al médico generoso, desprendido y solícito en curar y atender al enfermo. A la persona, al ser humano, lleno de profundo cariño, amor y desprendimiento para miles de familias humildes de nuestro país; a su Dr. Calderón Guardia.

Al día siguiente de ese hermoso día, ya en Puntarenas, donde cursaba el cuarto año en el Liceo José Martí, no lo olvido: un 9 de junio de 1958. Ávido por leer las noticias en La Nación, porque me imaginé que el despliegue de ese medio sería extraordinario. Especialmente porque las multitudes que se dieron cita, posiblemente a la manifestación pública más grande no organizada en nuestro país, de toda su historia, obligaban a un medio como ese periódico, a informar de manera veraz sobre un hecho sin precedentes.

Extrañamente el 9 de junio, no salió información alguna del evento. Me dije, ¿cómo se le olvidó al jefe de las noticias nacionales de La Nación, no consignar la noticia? No fue sino hasta el 10 de junio de 1958, cuando la noticia del recibimiento del Dr. Calderón Guardia fue consignada en La Nación. Pero al leer la breve referencia que ese medio hizo me sentí triste y mortificado. El espacio publicado era minúsculo, del tamaño de un aviso económico. Y mezquino porque refería la información a que un grupo de amigos recibimos al Dr. Calderón Guardia y luego lo acompañamos a su casa. Allá escondido en el tiraje de ese día, se insertó la noticia. Escondiéndose la verdad de lo ocurrido por el número de asistentes y, por supuesto, porque no se publicó una sola foto de la manifestación. ¡Cuánto fanatismo y cuánto encono!

Cincuenta años después La Nación vuelve a incurrir -con menosprecio de la verdad periodística que dice defender- en el mismo doble error. En primer lugar, al publicar el 10 de junio del 2008, que el pasado domingo se cumplían 50 años que el Dr. Calderón Guardia, luego de un decenio de ausencia, fue recibido por un grupo de amigos y acompañado a su casa. ¿Cuál grupo de amigos? Si quienes asistimos éramos miles de personas, muchísimas de las cuales, nunca habíamos visto personalmente al Dr. Calderón, como en mi caso. Y, en segundo término, se repitió su carencia de objetividad en ese medio, al no publicarse tampoco, una foto de la manifestación y mantener la versión histórica -que debió rectificarse- de la movilización popular más grande de costarricenses que fuimos a recibir al Aeropuerto de La Sabana al Dr. Calderón y a su estimable familia.

Agradezco al Diario Extra la publicación de este artículo, junto con la fotografía del apoteósico recibimiento al Dr. Calderón Guardia en 1958, como una muestra elemental y simbólica de gratitud y cariño eterno por su extraordinaria obra social y económica a favor de las grandes mayorías, constituida por los amigos y no amigos del Dr. Calderón Guardia.
(Diario Extra)
Columnista huésped | 23 de Junio 2008



4 Comentarios

* #8081 el 24 de Junio 2008 a las 07:56 PM José Rafael Flores Alvarado dijo:

    Muy bueno el comentario del sr. Fajardo Salas en relación a los 50 años del regreso del dr. Rafael Angel Calderón Guardia a nuestro país en junio de 1958 de su exilio en México, fue recibido por un numeroso grupo de campesinos y trabajadores que fueron beneficiados por las reformas sociales de los años cuarenta, él consigna que La Nación no le dió la cobertura del caso, por cuanto sus accionistas siempre estuvieron en contra de las leyes sociales y quisieron derogarlas, pero gracias a las acciones de don Pepe Figueres no lograron su cometido, más bien se ampliaron y mejoraron.-

* #8088 el 24 de Junio 2008 a las 11:22 PM siempre luchando dijo:

    RECORDAMOS PERFECTAMENTE ESE DIA DESE LA MUY TIERNA INFANCIA

* #8177 el 26 de Junio 2008 a las 11:56 PM Marina Volio Brenes dijo:

    Don Gonzalo tiene toda la razón al recordar la manifestación de cariño y devoción que los caldero-comunistas, como se les llamaba entonces, dieron al doctor Calderón Guardia, al regresar a su Patria. Como historiadora y como testigo presencial de tal acontecimiento, porque mi madre era ferviente partidaria del Doctor y por tanto obligatorio ir a la manifestación del Paseo Colón. No obstante mi edad, lo que percibí en aquellos momentos era que se recibía al “mártir” del exilio.

    Ese mártir representaba, en aquel momento, a todos los verdaderos mártires que sufrieron la cárcel y la persecución no solo de los soldados de la legión del Caribe sino también de las arbitrariedades del gobierno de Otilio Ulate. Mártires que vivieron en carne propia la cárcel y la persecución en todos los órdenes. El martirologio de los calderonistas es algo que no se ha estudiado en toda su profundidad en la Historia de nuestro país. Curisamente todos los bandos han guardado el silencio de los hechos históricos. Porque la historia oficial solo es escrita por los vencedores, o por los vencidos que por conveniencia guardan silencio o invisibilizan los hechos históricos.

    También deseo aclararle a don Gonzalo que la memoria histórica nos recuerda que el pueblo costarricense ha sido agradecido con aquellos líderes políticos que han tenido la visión de estadistas. Don Gonzalo señala que fue la primera gran manifestación de esta naturaleza. No. En el siglo XX tuvimos otras.

    En 1928 una manifestación espontánea y extraordinaria se dio desde la estación del Ferrocarril al Atlántico, en San José, hasta Puerto Limón, en tren, a caballo o a pie, fue la que le rindieron los partidarios a su líder Jorge Volio, fundador del Partido Reformista ,quien había defendido valientemente las reformas sociales que el país necesitaba. El precio por proponer las reformas sociales no fue para Volio el exilio político en un país amigo y al cual llegaran las contribuciones económicas de sus partidarios.

    Recuerdo en especial las contribuciones económicas que se enviaban al Dr. Calderón Guardia para que se ayudara en su estadía en México. Entre los viejos papeles de mi biblioteca se encuentran los recibos que tenía mi madre de sus contribuciones económicas pero que curiosamente las ponía a nombre de la niñita Marina Volio. Desconozco el porqué no las hacía a nombre propio o de mis hermanas mayores. Recuerdo las del Dr.Angel Chacón Chacón, médico de la familia y gran amigo personal del Doctor Calderón Guardia y cuya fortuna desapareció precisamente en esas contribuciones que enviaba religiosamente a México. Según sus propias manifestaciones en casa de mi madre a donde continuaban reuniéndose muchos de ellos.

    No. A Jorge Volio, por proponer las reformas sociales se le envió al Asilo Fort Jacó, en Bélgica, para enfermos mentales que eran a su vez calificados como delincuentes y que no fue sino gracias a la intervención de la Iglesia Católica de Bélgica ante el Ministerio de Justicia de su país, que lograron sacarlo de aquella cárcel. Por ello el pueblo agradecido se organizó para ir a recibirlo a Puerto Limón. Jorge Volio ignorando la organización espontánea y cariñosa de su pueblo, antes de desembarcar fue notificado por el Capitan del barco de que se le iban a rendir todos los honores correspondientes por parte del personal del barco y descendería con el toque de triunfo de las sirenas del barco que anunciaban la llegada de aquel líder.

    También, y no obstante las dolorosas circunstancias del fallecimiento del expresidente don Daniel Oduber, soy testigo de excepción de la manifestación de cariño y de emoción del pueblo costarricense, el día de su funeral. Fue el reconocimiento a su visión de estadista que está aún por estudiarse.

    Finalmente. En ninguno de los casos señalados,el Diario La Nación dio cobertura a los hechos históricos,como demostración de objetividad profesional.

* #14132 el 29 de Octubre 2008 a las 04:11 PM NUBIA DARCIA CORDOBA dijo:

    BUENAS TARDES ME PARECE DE SUMA IMPORTANCIA ESTE COMENTARIO Y QUE SE CUENTEN LAS COSAS COMO EN REALIDAD FUERON TAMBIEN ME PARECE PERFECTO PERO TAMBIEN QUIERO SABER QUIEN FUE LA PERSONA QUE TRAJO AL DR RAFAEL ANGEL DEL EXILIO DE MEXICO. SALUDOS CORDIALES Y ESPERO SU RESPUESTA.

domingo, 14 de febrero de 2010

MENSAJE DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, DOCTOR DON RAFAEL ANGEL, 1944

MENSAJE DEL SEÑOR PRESIDENTE DE  LA REPUBLICA, DOCTOR DON RAFAEL ANGEL CALDERON GUARDIA



PRESENTADÓ AL CONGRESO CONSTITUCIONAL



1° de mayo de 1944



Señores Diputados:



Cumple hoy a mi deber de gobernante, el honor de comparecer ante vosotros, dignos representantes del pueblo, a rendiros el informe del último año de mi administración, la que concluye el 8 de los corrientes.



Han coincidido los cuatro 'años de este gobierno, con una de las épocas más azarosas de la historia, pues asumí el Poder ya iniciada la guerra mundial que aún continúa y que tantos trastornos ha causado a la humanidad. Por fortuna, la situación de las Democracias en la lucha es hoy tan ventajosa, que nadie puede poner en duda su triunfo, pero para llegar a esa situación preponderante, se han padecido enormes sacrificios cuyos inevitables reflejos, a pesar de nuestro cotidiano e infatigable esfuerzo por contrarrestarlos, llegaron también a nuestras playas y afectaron hondamente la situación financiera del país. Ello no obstante, mi administración, contando siempre con la desinteresada y patriótica colaboración de esta Cámara, ha realizado una obra de vastísimas proporciones, a la cual he ido refiriéndome en mis sucesivos mensajes anuales, completados ahora con este último, y tengo la satisfacción íntima de no haber escatimado esfuerzo alguno por el supremo bien de la República, y de haber cumplido fielmente con mi deber.



RELACIONES EXTERIORES



En cuanto a nuestras relaciones internacionales, pláceme consignar que se ha mantenido invariablemente la norma de estrecharlas más y más cada día, de acuerdo con nuestra tradición al respecto y con el imperativo de la hora presente, y que se ha continuado ofreciendo nuestra máxima posibilidad de colaboración a las Naciones Unidas en el actual conflicto bélico. Afortunadamente, como dije antes, la victoria final es tan segura como inminente y ella vendrá a consolidar la fraternidad internacional que ansiamos todos los partidarios de la paz, de la justicia y de la libertad.



La corriente de acercamiento interamericano tuvo una nueva manifestación entre nosotros, al ser elevadas al rango de Embajada la Representación Diplomática de México en Costa Rica, y la nuestra en esa Nación hermana, con la cual mantenemos tan estrechas y cordiales relaciones.



Dentro de esa misma política de acercamiento intercontinental, y atendiendo a cordial invitación hecha al efecto al Gobierno, se envió una Misión Especial ante el Gobierno de la República Dominicana para que representara a Costa Rica en los festejos conmemorativos del primer centenario de la fundación de esa República, ceremonias en las cuales estuvieron representadas, sin excepción, todas las naciones de América.

Pláceme consignar asimismo que continúa efectuándose sin ningún tropiezo el deslinde de nuestra frontera Sur, de acuerdo con el Tratado de l° de mayo de 1941, que puso fin a la cuestión fronteriza entre Costa Rica y Panamá. Acerca del particular, renuevo aquí el sentimiento de profunda pena con que recibimos la infausta noticia del fallecimiento del Arbitro chileno Ingeniero don Carlos Henríquez, ocurrida en Panamá, y el agrado con que acogimos la designación que, para llenar la vacante, hizo el Excmo. Señor Presidente de Chile, Doctor Juan Antonio Ríos, en el Ingeniero chileno don Santiago Labarca, cuyos brillantes atributos personales, como en el caso del Ingeniero Henríquez, constituyen prenda segura de acierto en sus funciones, y bien justificada causa de amplia y absoluta confianza.



En el ramo de Justicia y por vía de ensayo, dentro del propósito de mejorar el régimen penal, adecuando la pena a la finalidad filosófica de la misma, que persigue el mejoramiento del delincuente, habituándolo a una vida de probidad y de trabajo, se dispuso la creación de una Colonia Agrícola Penal para que en ella descuenten su pena de prisión los reos que el Consejo Nacional de Prisiones escoja, tomando en cuenta las condiciones personales de cada uno, la modalidad de la delincuencia y la duración de la pena. La experiencia que al respecto se haga, decidirá lo que proceda acerca del mencionado propósito.



Un problema había quedado sin solución dentro de la legislación de emergencia emitida a causa de la guerra: la situación jurídica de los reclamos a enderezar contra el enemigo. Con el objeto de normalizar esa situación, se dispuso por ley N° 120 de 21 de agosto de 1943, que toda persona, natural o jurídica, de nacionalidad costarricense que tenga procedimientos judiciales que enderezar contra personas naturales o jurídicas de los Estados con los cuales la República se encuentra en guerra, o que residan en territorios ocupados por esos Estados, deben ser establecidos ante los Tribunales nacionales, de acuerdo con lo que dispone nuestra legislación para el caso de ausencia del demandado. Esta ley contiene las prescripciones necesarias para la respectiva sustanciación del juicio y para la ejecución de la sentencia.



Se emitieron también los Códigos Penal y de Policía, con el objeto de unificar y simplificar los procedimientos que estaban dispersos. En el futuro, será posible mayor eficiencia en la aplicación de los capítulos respectivos.



En cuanto a las relaciones entre la Iglesia y el Poder Civil, es para mí motivo de singular complacencia manifestar que no pueden ser estas más cordiales, gracias a la inteligente actuación del ilustrísimo y Reverendísimo Monseñor Doctor Don Víctor Sanabria Martínez, Arzobispo de San José, Prelado de excepcionales ejecutorias, y a los Ilustrísimos y Reverendísimos Obispos de Alajuela y Limón, también Prelados muy distinguidos y excelentes colaboradores de Monseñor Sanabria, y al Clero en general, que ha sabido ejecutar con esmerado acierto las instrucciones sabias y prudentes de sus Superioridades.





GOBERNACION Y POLICIA



Dije en mi informe anterior que, como un paso hacia el intento de armonizar los factores del trabajo y de mantener un equilibrio estable entre las fuerzas productoras y los centros directores de la sociedad, había creado mi Gobierno la Institución del Seguro Social, y agregué que tan elevado y complejo propósito requería otras múltiples disposiciones, entre ellas un capítulo de Garantías Sociales que, incorporado a la Constitución, reglamentara y ordenara tales vinculaciones; una reforma al artículo 29 de la misma, que permitiera el aprovechamiento de la tierra ociosamente retenida por particulares, a fin de convertirla en fuente activa de producción; y un Código de Trabajo, que viniera a poner en acción las Garantías Sociales, para que estas llenen más cumplidamente su cometido. Me place consignar que gracias a vuestra constante cooperación, señores Diputados; se alcanzaron esos tres objetivos, y que hoy nuestra Carta Magna permite aprovechar, para bien de la comunidad, la tierra inculta, estableciendo que, por motivos de necesidad pública, podrá el Congreso, mediante el voto de los dos tercios de la totalidad de sus miembros, imponer a la propiedad limitaciones de interés social y reglamenta con carácter fundamental las relaciones entre patronos y obreros con miras hacia una más justa distribución de la riqueza, y además contamos con un Código de Trabajo que, aunque imperfecto como toda obra en sus comienzos, dirime las controversias que se susciten entre los factores de producción. No pretendo, repito, que la obra esté concluida. Falta muchísimo por hacer. Es más: esta labor será eterna, porque la civilización se mantiene en evolución constante y las ideas políticas cambian asimismo de tonalidades; además, es preciso ir perfeccionando lo hecho hasta ahora, a base de los consejos que dicte la experiencia; pero sí creo que se ha logrado un considerable progreso por la senda que recorre la humanidad hacia la conquista de una paz estable y constructiva.



En el constante propósito de auspiciar por todos los medios posibles el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo costarricense, se emitió la ley N° 52 de 29 de diciembre último, que decretó la Nacionalización del Comercio. Esa ley dispone que, para iniciar en el futuro esa clase de actividades dentro del territorio de la República, bien por cuenta propia, o como agente o representante de otro, se requerirá ser ciudadano costarricense; y que si se trata de sociedades, será preciso que sus socios o accionistas sean costarricenses; que dichas entidades estén constituídas conforme a las leyes del país, y que tengan en él su domicilio. Esta ley deja a salvo tanto los derechos adquiridos por personas físicas o jurídicas extranjeras establecidas en el país antes del l° de enero del corriente año que estén cumpliendo con los reglamentos o disposiciones respectivos, como lo que establecen los tratados internacionales suscritos por la República.



Dentro de este orden de ideas, fueron dictadas, por ley N° 34 de 8 de julio último, severas medidas contra la especulación comercial, especificándose minuciosamente, qué debe entenderse por tal, y las sanciones correspondientes. Esta ley tiene carácter transitorio, y estará en vigencia hasta un año después de que se declare oficialmente haber cesado el estado de guerra en que se encuentra la República.



Con el mismo carácter de emergencia se dictó la ley N° 37 de 12 del citado mes, que creó la Junta Central de Abastos en San José, y estableció Juntas Auxiliares en las cabeceras de las demás provincias. El objeto fundamental de esta ley, es impedir el alza injustificada de precios y establece, las atribuciones de las Juntas y las respectivas sanciones.



También se dictó la Ley de Inquilinato N° 17 de 13 de agosto de 1943, que prohíbe el desahucio contra los inquilinos que estén al día en sus pagos, a menos que el propietario necesite la casa para uso propio o de su familia. Como una ley anterior a que hice referencia en mi precedente informe anual prohibió el alza de alquileres, la nueva ley vino a completar los propósitos tenidos en mente a causa de la excesiva demanda actual, y de la dificultad que debido a la guerra hay para construir por escasez de materiales.

Debo referirme por último en este capitulo, a la ley N° 81 de 7 de agosto de 1943, que derogó la N° 60 de 11 de junio de 1941, la cual había limitado a tres el número de regidores propietarios y a dos el de suplentes en todas las Municipalidades de la República. El objeto de esta reforma fue dar mayor acceso al pueblo en la integración del gobierno local, para que éste sea más democrático.



El Poder Ejecutivo puso especial empeño en pavimentar la ciudad capital, tanto por necesidades de higiene cómo por conveniencia de estética. La ejecución de ese propósito significó una considerable erogación a favor de la Municipalidad de San José, que tuvo dichas obras a su cargo. Se pavimentaron alrededor de 30 kilómetros. Dióse preferencia a varios de los sectores más humildes de la ciudad y considerando mi Gobierno que esos vecindarios no estaban en condiciones económicas de cubrir el costo de tan valiosas mejoras, con vuestra colaboración, Señores Diputados, se tramitó una ley disponiendo que no se cobre un céntimo por ese concepto a todos los propietarios de casas valoradas en menos de diez mil colones.



TRABAJO Y PREVISION SOCIAL



En acatamiento a las disposiciones del Código de Trabajo a que antes me he referido, y para la mejor aplicación del mismo, así como para la debida solución de la infinidad de problemas diversos que a diario se suscitan entre patronos y obreros, y para dar mayor eficacia social a esa legislación, se constituyó por separado la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, que tiene a su cargo la dirección, estudio y despacho de todos los asuntos relativos a trabajo y a previsión social y, además, el desarrollo, mejoramiento y aplicación de todas las leyes, decretos y acuerdos referentes a estas materias, principalmente los que tengan por objeto directo fijar y armonizar las relaciones entre patronos y trabajadores. Para ese fin, la Secretaria de Trabajo y Previsión Social está dividida en las siguientes secciones.



a) Oficina General de Trabajo;

b) Dirección General de Previsión Social;

c) Instituto Nacional de Investigaciones y Estudios Sociales; y

d) Inspección General de Trabajo.



Existen además todas las otras secciones que el buen servicio demanda.

La Oficina General de Trabajo tiene funciones puramente administrativas, como el registro de las organizaciones sociales, el de los contratos y convenciones de trabajo que se celebren en el país, servicios de estadística y colocaciones, y todas las demás que les atribuye el reglamento.



La Dirección General de Previsión Social realiza una eficaz coordinación entre todas las instituciones de previsión y asistencia sociales que existan o lleguen a existir en el país, a fin de propender a su constante progreso y mejoramiento.



El Instituto Nacional de Investigaciones y de Estudios Sociales, tiene por misión realizar toda clase de encuestas y estudios sobre salarios, costos de vida, y demás materias relativas al trabajo, asistencia y previsión social, para lo cual armoniza sus actividades sociales con las de las otras secciones, y establecerá un constante intercambio con los demás países, a fin de conocer sus problemas, instituciones y conquistas en el campo de la acción social.

La Inspección General de Trabajo vela, por medio de un cuerpo de inspectores, por que se cumplan y respeten todas las disposiciones legales relativas a trabajo y a previsión social. Esta sección tiene también el carácter de Asesoría Jurídica, y a este efecto se encarga de evacuar todas las consultas oficiales o particulares que se le hagan acerca de la recta interpretación y verdadero alcance de las leyes sociales.



La Secretaría está ya organizada y actuando, y en la práctica está dando muy satisfactorios resultados.





HACIENDA Y COMERCIO



En el propósito de coordinar todo lo relacionado con la construcción o terminación de las obras de vialidad que se ejecuten con el saldo del empréstito suscrito con el Banco de Exportación e Importación de Washington el 21 de agosto de 1941, así como con el producto de los Bonos de Defensa Económica que se destinen a ese fin, se creó la Junta Nacional de Carreteras, integrada por el Secretario de Estado en el Despacho de Fomento, quien la preside, y los Gerentes del Banco Nacional de Costa Rica y del Banco Nacional de Seguros. Dicha Junta tiene a su cargo el desarrollo del programa de vialidad ya formulado, y la elaboración de uno nuevo para continuar esa obra, mediante la cual se dotará al país de todas las vías de comunicación por carretera que necesite. La Junta en referencia deberá procurarse los arbitrios requeridos para sus proyectos del futuro, y estoy seguro de que llevará a efecto su cometido a entera satisfacción y conveniencia del país.



Mención especial debo hacer en este capítulo, acerca de un trascendental ensayo que se está haciendo actualmente y que viene a convertir en realidad un anhelo largamente sentido en una de las regiones agrícolas más densamente pobladas y cultivadas del país; me refiero a la fundación de una planta industrial cooperativa en la región azucarera de Grecia. Debido a las condiciones de inseguridad, y muchas veces hasta de adversidad en que se ha desarrollado el trabajo de los pequeños productores de caña, tuvieron ellos, hace algunos años, la idea de fundar esa institución; pero como una empresa de tal índole requería la concurrencia de importantes factores, tales como oportunidad, financiación y técnica, etc., no era posible improvisarla sin riesgo de fracaso. Sin embargo, los acontecimientos que conmueven hoy al mundo nos han brindado esa ocasión, que, además de ofrecer a los cañeros de Grecia su liberación económica, el bienestar de sus familias y el progreso de la localidad, será un ejemplo que Costa Rica entera tendrá que imitar en días no lejanos. en su evolución pacífica hacia un futuro mejor.



Sabido es que el sistema cooperativo se basa en la solidaridad humana; en la asociación libre y el provecho mutuo, garantizando la igualdad de disfrute mediante la igualdad de esfuerzo; busca la satisfacción racional de las necesidades primordiales del hombre, y fomenta la fraternidad. Dentro del sistema cooperativo los miembros conservan su individualidad. Cada socio tiene derecho a un voto en la asamblea, sin tomarse en cuenta el monto de su aporte monetario, característica esta muy señalada, porque se establece así el predominio del factor "personal" sobre el factor "capital", siendo esa la diferencia fundamental que la empresa cooperativa tiene con la empresa capitalista, en la cual es el dinero el que se impone, y no el hombre. Además de lo expuesto, debe agregarse que el sistema cooperativo no limita el número de socios, dejando abierta la puerta a quienes deseen ingresar a él, y educa a sus afiliados en el cumplimiento del deber, pues no se trata sólo de derechos iguales, sino de obligaciones que cumplir, con sus consiguientes responsabilidades. Tiene por delante el régimen cooperativo un camino muy vasto de acción colectiva. Bajo tales auspicios se emitió la ley N° 49 de 22 de julio de 1943, por la cual el Poder Ejecutivo fue autorizado para traspasar al Banco Nacional de Costa Rica numerosas fincas contiguas situadas en Grecia, y que le pertenecían por haber sido expropiadas a alemanes en virtud de la Ley del Bloqueo Económico. Por disposición de la misma ley, el Banco mencionado creó, bajo la dirección de su Departamento Agrícola, la "Cooperativa de Producción Agrícola-Industrial", sobre la cual ejercerá el control directo y administrativo por un término no menor de cinco años, y mientras dicha Cooperativa no haya cubierto al menos el 75% del valor de las propiedades adscritas a ella. La empresa pertenece a los socios, cada uno de los cuales tiene un voto, cualquiera que sea el número de acciones que posea, y las utilidades se distribuyen en proporción a los aportes. Se trata, pues, de una combinación del factor "trabajo" con el factor "capital", relaciones en las cuales este último no es un poder absorbente, sino sólo un instrumento de producción. Podrán ser socios de la Cooperativa todos los productores de caña de azúcar comprendidos dentro del perímetro cañero que la ley determina, y los empleados y trabajadores de la Cooperativa, excepto los productores que tengan ingenio propio, porque los intereses de estos, no se compaginan con la calidad de miembros de la Cooperativa. El capital de la referida empresa es de dos millones y medio de colones (¢ 2.500.000,00) dividido en veinticinco mil (25.000) acciones de cien colones (¢100,00) cada una. Las acciones pueden adquirirse pagando el 25% de su valor al contado, y el resto con el porcentaje de las utilidades netas anuales correspondientes a cada socio. Tales son, en sus lineamientos generales, las características de la Institución fundada, la cual, en sus demás detalles, se conforma con lo dispuesto en la ley común relativa a sociedades. Sólo me resta decir que la empresa se puso bajo el patrocinio del Banco Nacional, por la necesidad de que éste la financiara. Lo expuesto basta para darse una idea de la magnitud social de la obra emprendida que, repito, habrá de tener muy lisonjeros resultados para el porvenir.



Para cerrar este otro capítulo de mi informe administrativo, incluyo a continuación dos cuadros; uno de las entradas y salidas durante el año fiscal que hoy termina, y otro del estado actual de la deuda pública.





PRODUCTO DE LAS RENTAS NACIONALES



¢ %



Aduanas .................................................. 19.630.199,78 39,00

Licores..................................................... 10.664.455,82 21,18

Papel Sellado .......................................... 258.142,36 0,51

Timbres ................................................... 549.248,49 1,09

Correos.................................................... 434.452,03 0,86

Telégrafos ............................................... 520.140,85 1,03

Patente Nacional ..................................... 1.305.729,77 2,59

Ferrocarril al Pacífico............................... 7.592.110,18 15,08



Impuestos Fijos Exportación ..................... 17.909,03 0,04

Imprenta Nacional..................................... 55.932,90 0,11

Registro Público ....................................... 215.680,85 0,43

Derechos Exportación Bananos................ 304.159,67 0,60

Impuestos Directos.................................... 1.181.243,41 2,35

Impuestos de Conversión........................... 1.466.612,92 2,91

Eventuales.................................................. 720,374,65 1,43

Impuesto de Gasolina................................. 962.761,80 1,91

Impuesto Consumo de Cigarrillos............... 2.759.171,01 5,48

Impuesto Cedular de Ingresos..................... 1.115.024,97 2,21

Impuesto Consumo de Cerveza................... 346.216,07 0,69

Impuesto de Importación Ganado Vacuno.. 193.060,00 0,38

Impuesto de Tránsito.................................. 57.594,60 0,12



¢50.350.221,16 100%

GASTOS





¢ %

Poder Legislativo............................................. 728.537,00 1,02

Poder Judicial.................................................. 1.663. 118,26 2,32

Departamento de Gobernación, Policía

Judicial, Trabajo y Previsión Social........... 5.925.981,02 8,28

Departamento de Trabajo y Previsión

Social......................................................... 164.024,78 0,23

Departamento de Salubridad Pública y

Protección Social....................................... 3.652.326,28 5,11

Departamento de Fomento ........................... 27.314.484,51 38,18

Departamento' de Relaciones Exteriores,

Justicia y Culto .......................................... 1.720.768,68 2,41

Departamento de Educación Pública ........... 8.515.851,45 11,90

Departamento de Seguridad Pública ............ 6.965.783,82 9,74

Departamento de Hacienda .......................... 6.341.417,25 8,86

Departamento de Agricultura e Indus-

trias............................................................ 1.934.005,36 2,70

Servicio Deuda Pública ................................ 6.615.974,27 9,25



¢71.542.272,68 100%





CARRETERAS CON FONDOS EXIMBANK



¢

Interamericana ............................................ 4.836.783,82

Tributarias................................................... 4.487.034,16



¢9.323.817,98





PARTIDAS QUE EXPLICAN EL EXCESO DE LOS GASTOS ORDINARIOS SOBRE LAS RENTAS.- ¢21.191.051,52



¢



Auxilio al Municipio de San José......................... 1.100.000,00

Edificio de la Universidad ................................... 941.086,63

Valor del terreno para el Instituto

Interamericano de Ciencias Agrícolas................ 938.174,00

Protección Industrial pesquera ............................. 400.000,00

Gastos Defensa Nacional ..................................... 2.222.152,59

Gastos Muellecito de Puntarenas ......................... 286.712,61



Gastos en exceso del Presupuesto original

de las siguientes cuentas:



Carreteras ............................................................ 9.619.914,78

Edificios Nacionales ........................................... 1.486.603,16

Edificios Escolares ............................................. 2.261.643,49

Cañerías ............................................................. 983.017,06

Demarcación Límites con Panamá .................... 603.906,18

Control de la Langosta....................................... 102.867,44

Obras Sanitarias ................................................ 226.586,02

Sanidad de San José .......................................... 160.478,20



¢21.333.142,16





ESTADO DE LA DEUDA PUBLICA AL 31 DE DICIEMBRE DE 1943



¢



DEUDA EXTERIOR........................................................... 141.817.185,22

Capital ¢24.686.646,16

Intereses 17.130.539,06



DEUDA INTERIOR............................................................. 64.979.365,06

Bonos al Portador............................ ¢ 28.247.997,38

Fondos en Administración............... 2.467.882,35

Instituciones de Beneficencia .......... 337.519,40

Bancos ............................................ 19.538.305,65

Giros por Pagar .............................. 4.385.304,65

Varios.............................................. 10.002,305,63

¢206.796.550,28



En relación con el año anterior aumentó en ¢29.909.727,00







Representado así:

¢

Diferencia detallada en cuadro anterior.......... 21.192.051,52

Carreteras extraordinarias.............................. 9.323.817,98

Aumento activo.............................................. 767.454,39





¢31.283.323,89

Menos:



Ajuste varias cuentas por cambios y saldos

de otras..................................................... 1.373.596,89





¢29.909.727,00





EDUCACION PUBLICA



En cuanto al ramo de Educación Pública, os anuncié en mi Mensaje anterior la creación de una Escuela Complementaria de Segunda Enseñanza en Atenas. Hoy me complace informar que han sido creadas este año tres más una en Limón, otra en Turrialba y otra en Grecia, las cuales responden, como aquella, al propósito de descongestionar los centros existentes. Acaban de establecerse también las de Liberia, Santa Cruz y San Ramón. En estas escuelas complementarias se dará la enseñanza que corresponde al primer ciclo de estudios superiores.



Asimismo, y por considerarse de interés público la educación de los retrasados mentales, o que adolezcan de trastornos auditivos, de la vista, del sistema vocal o de cualquier otro impedimento físico análogo, que les impida proseguir con éxito las enseñanzas de la escuela común, se fundó la Escuela de Enseñanza Especial, compuesta de cuatro secciones que coexistirán mancomunadamente guardando la separación impuesta por la naturaleza de cada una de ellas. Estas secciones son: de retrasados mentales, de sordomudos y defectivos del lenguaje, de ciegos y amblíopes profundos, y de niños físicamente impedidos. La referida escuela, que responde, como he dicho, a necesidades indispensables, fue constituída y organizada por ley N° 61 de 15 de marzo del corriente año.



En virtud de la ley N° 68 de 3 de abril en curso, se creó, como dependencia de la Secretaría de Educación Pública, el Departamento de Misiones Culturales, cuyo objeto es difundir la cultura general, los modernos métodos docentes, y la educación higiénica y agrícola. Con sólo esta enunciación podrá apreciarse la importancia grande que tiene para el país el referido Departamento.



En el propósito de recoger y coleccionar todas las leyes y decretos dispersos sobre Educación Pública, se ordenó, por ley N° 42 de 28 de diciembre de 1943, agrupar ordenadamente todo este material en un solo cuerpo bajo el rubro de Código de Educación, que está ya imprimiéndose, y que en pocos días más verá la luz pública. Están funcionando también, con notorio provecho higiénico, varias barberías escolares.

Finalmente, en el deseo de llevar un poco de estímulo al personal docente del país, cuyas dotaciones eran muy exiguas a pesar de la enorme trascendencia de la labor que silenciosamente realizan día a día esos valiosos forjadores del progreso cultural de la Nación, se acordó aumentarles el sueldo a todos en. un 25%, lo que unido al porcentaje en que fueron aumentadas las dotaciones de los profesores obligados a trabajar en zonas insalubres, representa una erogación anual de ¢1.959.612,00. No es necesario hacer hincapié en la justicia de esta medida, y si algo tendría que agregar acerca de ella, es sólo la expresión de pesar porque el aumento no haya podido ser mayor aún, pues los sueldos del profesorado son acaso los más raquíticos de la administración, a pesar, como he dicho, del valioso contingente que ofrecen a la obra de progreso nacional.





FOMENTO



No obstante las considerables dificultades con que se ha tropezado a causa de la guerra, por escasez de materiales de construcción y por el alto costo de los mismos, mi administración no se sustrajo a las necesidades del país en la materia, tanto porque las obras realizadas eran de inaplazable urgencia, como por conjurar el problema social de la desocupación, cuyas proyecciones no escapan al más ligero análisis, y que todo gobierno debe evitar de cualquier modo, como cuestión básica para el mantenimiento de la paz social de la cual dependen fundamentalmente la estabilidad y progreso de las instituciones. De ahí que no se parara mientes en el precio de las obras por el aumento del valor de los materiales, que en algunos casos fue hasta de un 400% y por el alza de los salarios. Así se realizó, venciendo obstáculos poderosos, una labor sin precedentes en la historia del país.



Desde luego, no es posible, enumerar con detalle dentro de los estrechos límites de este informe, las extensas proyecciones de esa labor durante mi Administración, la cual se contendrá minuciosamente en la Memoria de la respectiva Secretaría, pero se puede ella aquilatar con bastante aproximación y en términos generales, con vista de los siguientes datos que en forma global consigno para ese fin:



Escuelas



Terminadas............................................ 82

Por terminar.......................................... 44

Reconstruídas....................................... 61



Edificios Nacionales



Terminados............................................ 117

Por terminar.......................................... 9

Reconstruidos....................................... 96



Cañerías y Pozos



Terminados........................................... 72

Por terminar......................................... 16

Reconstruídos...................................... 19

Carreteras



Se han construído aproximadamente 460 kilómetros de primera clase, lo que constituye la más alta cifra de construcción de vías públicas hasta ahora alcanzada en Costa Rica.

En ese kilometraje no se incluye ]a ejecución de la Carretera Interamericana; para la cual el Gobierno ha contribuido en considerable proporción y cuyo control general ha estado a cargo de los departamentos respectivos del Gobierno Norteamericano.



Puentes



Se construyeron en los cuatro años, 194 en todo el país.

Es de advertir que las obras públicas "por terminar" que aquí se han mencionado, están adelantadas en un 75%.



También debo hacer mención, en párrafo aparte, de una de las dependencias administrativas que más interesan al Gobierno, y cuya prosperidad va en creciente progreso con muy halagüeñas perspectivas para el porvenir. Me refiero al Ferrocarril al Pacífico, cuya administración ha sido por todos conceptos plenamente satisfactoria.



Durante el año a que se refiere este informe, el mejor que ha tenido ]a Empresa en toda su historia, fueron movilizados 234.476,541 kilos de carga, con un producto de ¢3.850.758,70, registrándose, en comparación con el año anterior, un aumento de 36.857,616 kilos, con ¢1.218.669,85. Entre los trenes regulares y de excursión, se transportaron en ambos rumbos 549.639 pasajeros, con un total de ¢1.416.896,40, registrándose un aumento de 201.277 pasajeros, que pagaron ¢431.841,70 sobre el año anterior. Las entradas brutas fueron de ¢2.009.830,12, lo que implica un aumento de ¢706.725,00 sobre el año anterior. La utilidad neta del año a que se contrae este informe, fue de ¢1.198.707,61, o sea ¢706.685,82 más que el año precedente. Estas cifras reflejan, con meridiana transparencia, la magnitud de los negocios de esa Empresa, y todo lo que puede esperarse de ella con el transcurso del tiempo. Cabe destacar el hecho de que la Administración del Ferrocarril Nacional ha tenido a su cargo, con meritorios resultados, la ejecución de varias obras de progreso en diversas localidades del país, tales como el Muellecito de Puntarenas, escuelas, cañerías, servicios eléctricos, etc.





AGRICULTURA



En el ramo de agricultura se realizó también una apreciable labor: Con fecha 2 de julio de 1943 y bajo el número 23, fue emitida la Ley de Protección Agraria, destinada a la defensa de la agricultura menor. En dicha ley se especifica lo que son delitos y faltas contra la agricultura, se establecen las respectivas sanciones, y se determinan los trámites para el juzgamiento; se reglamenta la venta de productos agrícolas y enseres de fincas rústicas o huertas caseras, y se prescriben normas para evitar el merodeo, las cuales quedan a cargo de la Inspección General de Hacienda. La leyes fuerte y bastante completa, y abarca todos los aspectos del problema; creo que introduciéndole alguna que otra reforma que la práctica aconseje, dará admirables resultados y terminará con el desaliento que el hurto de productos agrícolas ha causado.

Siempre dentro del propósito de fomentar la producción, se emitieron además, la ley N° 101 de 12 de agosto último, por la que se autorizó al Banco Nacional de Costa Rica para importar todos los tipos de instrumentos de labranza necesarios y venderlos a los finqueros y trabajadores del campo a precios módicos, y la N° 149 de 23 del mismo mes de agosto, por la que se reorganizó el Centro Nacional de Agricultura, a fin de que esa Institución preste con mayor eficacia a la agricultura y a la ganadería, los importantes servicios para los cuales ha sido creada. La mencionada reorganización contempla el establecimiento de Estaciones Agrícolas Experimentales en las diferentes zonas agrícolas o ganaderas del país, las cuales tendrán a su cargo el fomento y la prosperidad de la agricultura y la ganadería y de la industria en general en todas sus formas. Se trata de centros de consulta y experimentación al servicio de los agricultores. En ellos habrá también, para el servicio público, sementales, baños antiparasitarios y un departamento de veterinaria, todo lo cual se suministrará gratuitamente, a fin de propulsar con rapidez y eficacia el mejoramiento de las especies y el auge industrial del país; y para completar la obra, se emitió la ley N° 58 de 9 de marzo próximo pasado, conocida con el nombre de Ley de Esquilmos, en virtud de la cual se considera contrario al interés público el hecho de mantener inculta la tierra, así como el cobro de alto precio por el uso de ella. Esta Ley de Esquilmos necesita algunas importantes modificaciones para llenar más cumplidamente su finalidad de ayuda al campesinado; ya tales reformas estén en estudio y es de esperar que pronto perfeccionarán la obra, incorporándose a ella.



Por ley N° 63 de 30 de julio de 1943, se financió, reglamentó y legalizó la Industria pesquera en el país, la que venía ejerciéndose de hecho, y sin sujeción a normas legales de ningún género. El objeto de esta ley fue ordenar y facilitar la pesquería, haciéndola por cuenta del Estado, para que, mediante el empleo de métodos técnicos, pudiera efectuarse en gran escala a fin de proveer al pueblo de pescado a precio barato.



Es muy grato para mí poder consignar que la provincia de Limón, que estaba en completa decadencia con motivo del traslado a la zona del Pacífico del negocio bananero, ha vuelto a resurgir, mediante contratos con compañías extranjeras para plantaciones de abad, balsa y hule; estas plantaciones estén haciéndose ya en gran escala, y van constituyendo una muy halagüeña perspectiva.



Comprendiendo mi gobierno la imperiosa necesidad de incrementar la producción agrícola, y de fomentar la pequeña propiedad, para lograr ese objetivo se trazó la norma de repartir tierras entre el campesinado, en la medida que las circunstancias del Tesoro lo permitieran. A nadie escapa la enorme conveniencia de esta política agraria, de acuerdo con la cual han sido ya distribuídas varios miles de hectáreas. Estos extensos territorios, que anteriormente eran tierras incultas, están siendo cultivados, y en poco tiempo el país empezará a notar el beneficio obtenido. Para este reparto de tierras se han ido adquiriendo fincas incultas de particulares, y si bien lo hecho hasta ahora no significa nada todavía, tiene la enorme importancia de ser el comienzo de la obra. A futuros gobiernos corresponderé su prosecución, y cuando esta práctica se haya difundido por todo el país, sus propios resultados la establecerán como norma invariable de cualquier política agraria que se implante en Costa Rica.







SALUBRIDAD PUBLICA Y PROTECCION SOCIAL



Compenetrado mi gobierno de que la salud pública constituye el fundamento del bienestar general, ha puesto sus mejores y más tenaces empeños en fomentarla y mejorarla. Debo decir al respecto, que la idea predominante que inspiró la creación de la Secretaría de Salubridad Pública y Protección Social, fue hacer de ella un organismo esencialmente preventivo, dejando a cargo de otras instituciones del papel asistencial. Veinte años transcurrieron, sin embargo, antes de que este concepto superior de la higiene, entrara en el campo de las realizaciones prácticas, lo que se ha conseguido, al menos parcialmente, con el establecimiento de los Seguros Sociales, que, al resolver numerosos problemas de asistencia, libera a la Secretaría de Salubridad de gran parte de la labor de tratamiento, en beneficio inmediato y directo de la función preventiva, que es la que esencialmente le corresponde.



Incorporadas a la Carta Fundamental las Garantías Sociales, fundada la Caja Costarricense de Seguro Social y promulgado el Código de Trabajo, sólo le restaba a la presente administración, para completar su programa de gobierno en lo tocante al mejoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora, tanto del campo como de las ciudades, poner a tono con esas nuevas instituciones sociales la legislación sanitaria del país. Con este objeto, y después de un detenido estudio, se promulgó el Código Sanitario de Costa Rica, que constituye un valiosísimo paso hacia el mejoramiento de la salud pública, mediante disposiciones de carácter preventivo.



Aun cuando la ley de 1923 daba base suficiente para incluir como función de la Secretaría de Salubridad todo lo concerniente a la provisión de agua potable a las poblaciones, sentíase la necesidad de una legislación más amplia en asunto tan trascendental. Para llenar el vacío se emitió la Ley de Aguas Potables de 1941, que vino a suplir las deficiencias de la anterior, estableciendo que corresponde exclusivamente a la Secretaría de que me ocupo, la calificación de potabilidad de las aguas destinadas a abastecer las poblaciones.



Como complemento importantísimo de esta obra de prevención asistencial, queda fundado el Instituto del Cáncer, con su edificio propio, adquirido mediante la cooperación financiera del Servicio Interamericano de Salud Pública, y con rentas, si aún no suficientes, sí al menos bastantes para iniciar la lucha decidida contra ese terrible flagelo de las sociedades.



Establecida la Sección de Calzado Escolar, vale la pena hacer cualquier sacrificio por mantenerla. No debe perderse de vista que el uso del calzado refleja el grado de cultura de un pueblo, y que además da personalidad al individuo, y constituye la medida más importante que pueda tomarse contra la anquilostomiasis. No bastaba para erradicar o reducir la anquilostomiasis, el tratamiento de los enfermos y el saneamiento del suelo.

Era preciso cerrarle a la larva del parásito su puerta de entrada al organismo: la piel desnuda de los pies. Con este primordial propósito se han distribuido 26.421 pares de zapatos, por valor de ¢133.007,70.



Pero no son las enfermedades agudas las principales dolencias que sufre el pueblo. El pueblo sufre principalmente de desnutrición. Su alimento es escaso y mal balanceado; se trata no sólo de un problema económico, sino también de educación. Con vista de este segundo aspecto, y a efecto de remediar siquiera en parte el primero, se emitió en 1942 la ley que establece el desayuno escolar, bajo los auspicios del Consejo Nacional de Nutrición. Desde luego, la aplicación de esa ley ha tenido que irse haciendo paulatinamente por razones económicas, pero va tomando cuerpo, y es de desearse que continúe progresando con rapidez, porque es de vital importancia para la República.



Para terminar con este aspecto del presente informe, réstame decir que el Instituto de Asuntos Interamericanos contribuyó, al través del Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública, al desarrollo de un amplio programa de sanidad. La suma de $ 500.000,00; que fue el primer aporte recibido, será aumentada en breve en $ 300.000,00, de acuerdo con un contrato recientemente firmado.



Quedan terminadas quince nuevas Unidades Sanitarias, en las que se han hecho alrededor de un millón de exámenes y los tratamientos necesarios. Se han realizado trabajos de saneamiento superficial del suelo y dos obras magnas de higiene pública: las cloacas de la ciudad de. Heredia y los filtros de Tres Ríos para aumentar y mejorar el agua de San José y sus distritos, mediante el concurso del Gobierno y de las respectivas Municipalidades. Queda para el futuro la construcción de modestas casas de emergencia en Siquirres, San Carlos y San Isidro de El General; el entubamiento del Lantisco y cañerías de agua potable para algunos pueblos, lo cual seguramente se hará a medida que los recursos lo permitan. Detalles minuciosos de esta obra realizada, podrán verse en la Memoria de la respectiva Secretaría.





SEGURIDAD PUBLICA



En el firme propósito de contribuir a la tarea común de la defensa continental y al afianzamiento de las normas de convivencia adoptadas por los países americanos, y tomando en cuenta que el Comité de Emergencia para la Defensa Política del Continente, creado por la Tercera Reunión de Consulta de Cancilleres de América con sede en Río de Janeiro, desarrolla una tarea dé excepcional eficiencia, mi Gobierno, aceptando la sugerencia que le fue hecha por los Delegados de aquel Comité, acordó, por decreto N° 73 de 25 de octubre próximo pasado, la creación de un Comité Nacional Consultivo para la Defensa Política, constituído por: el Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores, el Secretario de Estado en los Despachos de Gobernación y Policía, el Secretario de Estado en el Despacho de Seguridad Pública, el Jefe de la Oficina de Migración, el Oficial Mayor de la Secretaría de Gobernación y Policía, el Director General de Telégrafos y Radios Nacionales, el Jefe de la Censura Postal, el Inspector General de Hacienda, y un Representante de la Junta de Custodia de la Propiedad Enemiga, designado por esta. El objeto de este organismo, es proporcionar al Comité Consultivo de Emergencia para la Defensa Política del Continente, datos e informes relativos a la legislación interna y a las prácticas administrativas que se relacionen con la defensa nacional, con las actividades enemigas, y con las modalidades que asuman en el país esta clase de actividades; sugerir a dicho Comité cualesquiera proposiciones y proyectos que pudieran servir de base para sus recomendaciones a los Gobiernos americanos, y estudiar las medidas que fuere necesario adoptar en la República, para hacer efectivas las indicaciones de ese mismo Comité.

Para poner fin a este informe, debo manifestaros que en acatamiento a lo que dispone el artículo 134, inciso 6) de la Constitución Política, y oído previamente el Consejo de Gobierno, tengo el honor de devolveros el decreto legislativo N° 108 de 13 de agosto de 1943, para que os sirváis, Señores Diputados, continuar los trámites de la reforma al artículo 3° de nuestra Carta Magna referente a los límites de Costa Rica, a fin de que dicho artículo quede de acuerdo con el tratado de l° de mayo de 1941, celebrado con la vecina República de Panamá.



Con este informe que aquí termina, concluye también mi Administración. Dentro de ocho días, el 8 de mayo en curso, que es la fecha que al efecto determina nuestra Carta Fundamental, haré entrega del Gobierno al Licenciado don Teodoro Picado, elegido por el pueblo para sucederme en el Poder, y cuyas relevantes prendas personales de orden moral e intelectual, constituyen la más segura garantía de acierto en las elevadas funciones que le corresponde desempeñar. Tengo la plena convicción de que su labor será muy fecunda en bienes para Costa Rica, sobre todo si, como lo espero y os lo ruego, continuáis prestándole, Señores Diputados, el apoyo y la importante colaboración con que a mí me habéis honrado durante los cuatro años de mi Gobierno, y que comprometió, en forma perdurable, mi más profunda y sincera gratitud.



El errar es de humanos, y no tengo la pretensión de haber sido infalible; pero quiero rogar por vuestro elevado conducto al pueblo costarricense, que abone a mis errores la buena fe y el propósito vehemente de servirlo del mejor modo posible, lema éste al que consagré en todo momento las mejores energías y los más puros anhelos de mi espíritu.



R. A. Calderón Guardia



San José, 1° de mayo de 1944.

EL GOBERNANTE Y EL HOMBRE FRENTE AL PROBLEMA SOCIAL COSTARRICENSE, Setiembre de 1942

EL GOBERNANTE Y EL HOMBRE FRENTE AL PROBLEMA SOCIAL COSTARRICENSE


por el Dr. Rafael A. Calderón Guardia



Setiembre de 1942

Hay en la vida de todo hombre una demanda constante de racionalización de sus propios actos. Como un reflejo de la conciencia o como un mandato de la razón, esa necesidad se multiplica para el hombre que ejerce el poder público.

En la vida corriente el individuo no tiene más deberes que los que la sociedad le impone en sus relaciones con el medio en que se desenvuelve su vida, esto es, en lo que respecta a las obligaciones para con la familia de la que forma parte y en lo que se refiere a su dependencia económica y social de las instituciones que a la vez que le sirven, son por él servidas: En realidad es su conciencia la que le impone, en la intimidad de su ser, la explicación de su conducta y el análisis de los impulsos, ideas y motivaciones que dirigen aquélla.

En cuanto al caso del hombre que ejerce el Poder, éste está doblemente obligado a explicar no sólo la significación y los móviles de sus acciones, -por la proyección social que éstas tienen-, sino que, además, debe abrir su pensamiento y su voluntad para que no haya ocultamientos que desnaturalicen sus intenciones más íntimas, en un cotejo constante entre sus actitudes y sus deberes históricos, de suerte que satisfaga no sólo su propia conciencia individual, sino también a la colectividad social, a la que podríamos llamar "la Conciencia Colectiva", formada por la opinión pública de su época, a la vez que por el juicio de la posteridad.

Es evidente que faltaría a ese deber esencial de mi condición de Gobernante si no procediese de acuerdo con ese mandato que está implícitamente contenido en la Constitución Política del país, al establecer ésta la responsabilidad del Jefe del Estado ante el Poder Legislativo, durante el período de ejercicio y después de haber ejercido el Poder. Debo, por lo mismo, dar esa satisfacción a la ciudadanía, particularmente en lo que se refiere a la acción social de mi gobierno y, concretamente, a las reformas que en ese orden han sido propuestas en las tres legislaturas que corresponden al período constitucional en proceso.

Pero más que el gobernante quiere hablar el hombre.

Para juzgar al primero hay abundancia de documentos oficiales: cada uno de sus

actos ha estado expuesto a la luz del análisis del país. Sus palabras, sus actitudes, y aun su intimidad personal, son del dominio público. Los elementos de juicio que de su gobierno han emanado, son objeto de las más opuestas interpretaciones, adversas o benévolas, según el criterio que las informe. ¡Pero cuán pocos conocen al hombre!

¡Cuántas veces la pasión de propios y de extraños deforma su fisonomía moral o desnaturaliza su sinceridad!

Esa contraposición de sentimientos, esa lucha entre lo que nos es más caro y lo que nos es más íntimo, con lo que la gente piensa de las intenciones y sentimientos del hombre en el Poder, son parte principal del lote de dolor y de amargura que todo gobernante debe aceptar como inherente a su elevado cargo. Y así lo comprendo. Pero de esa misma comprensión es que nace mi deseo de hablar sin las limitaciones impuestas por el protocolo, sin la obligada parquedad del lenguaje de los documentos oficiales, es decir, libre de ataduras, como un costarricense inspirado por el amor a su pueblo, como un ciudadano que sólo se diferencia de los demás compatriotas por el hecho de disponer de mayores posibilidades para realizar el bien de su patria, -olvidado casi siempre del suyo propio-, si su juicio no se extravía o si su voluntad no yerra el camino.

Situado en ese terreno de sinceridad, nada pueden afectarme las consecuencias que mi actitud de absoluta franqueza llegue a acarrearme, ni inspirarme temor las armas con que pueda atacárseme por mis ideas o por la solución dada a los problemas nacionales conforme a sentimientos o conceptos forjados a través de mi vida.

No se me oculta que para proceder de ese modo tengo que resignarme al sacrificio de todas mis conveniencias personales. Es posible que haya quien afirme que por esas mismas causas he quemado mis naves y que mi carrera política se ha acortado irreparablemente; pero sigo creyendo que para el gobernante que no comercia con su investidura no pueden existir razones más fuertes que las que le dicten las necesidades sociales o los principios de justicia inmanente que alientan en el corazón de todo hombre que no se ha olvidado de sus deberes para con Dios y para con la Patria. Sea, pues, al servicio y en nombre de esos dos poderes supremos de la vida, que confío estas palabras mías al veredicto del tiempo y al juicio de mis conciudadanos.

No hay quien pueda negar sus convicciones, sin negarse a sí mismo. Por esa razón, he procurado, en todos los momentos de mi existencia, ser fiel a mi religión, tal como la viví en el hogar paterno, sin fanatismos excluyentes o limitaciones sectarias, en un ambiente de tolerancia y caridad, en constante inspiración de las ideas y sentimientos del verdadero cristianismo integral. Como hijo de Médico sentí a hora muy temprana de mi vida, el dolor y la miseria que nos rodean. Mi padre supo inspirarme el sentimiento apostólico de su profesión. De estudiante sabía que al consagrarme a ella, no me era dable esperar ni la fortuna ni el renombre: no ignoraba cuán ardua y escasa en lauros es la carrera de quien tiene que luchar contra la muerte en un país cuya población carece frecuentemente de lo indispensable para subsistir. Desde que partí para Europa, a estudiar en Bélgica, centro de civilización y emporio de cultura, no podía apartar de mi mente la idea de que el dolor y la miseria de mi pueblo necesitaban un remedio, no extraído del odio de clases, ni de la violencia, -pues ésta es producto de un estado de injusticia que llega a engendrar mil injusticias y no logra jamás instaurar la paz entre las distintas clases sociales-, sino de una armonía que surja como fruto de un esfuerzo de perfeccionamiento de nuestras instituciones democráticas, esto es, de un movimiento de colaboración en el que todos los costarricenses, como miembros de una misma familia, pongan su contingente de buena voluntad y generoso desinterés. Sentía yo que la perplejidad y la desorientación en que vivía el mundo después de la primera guerra mundial; que la misma inquietud que penetraba hasta los callados claustros universitarios, -poniendo en peligro los más altos valores de la cultura, por la asfixia moral de todas las tendencias sociales y de todos los credos ideológicos-, se debían a que los hombres, cegados por el egoísmo y por "el afán inmoderado de poderío y de riquezas, habían perdido toda noción de justicia; y sentía que los pueblos, llevados a la matanza o sumidos en la esclavitud económica, lejos de reaccionar contra el dolor y las causas de tantas miserias e infelicidades, apelaban a nuevas violencias, a nuevas destrucciones, al constante empleo de la fuerza para resolver los problemas que tenían origen, precisamente, en los propios elementos que se seguían empleando para remediar los males que aquéllos no cesaban de producir.

Esas inquietudes nacieron en mí como un reflejo de las convicciones e ideas que oyera de continuo en labios de mis padres. Sentía, como ellos, la necesidad de apelar a las fuerzas espirituales que la religión despierta en el hombre. En mis estudios universitarios encontré una comprobación más clara y más profunda de que no erraba al buscar, dentro de las doctrinas de la Iglesia, el principio, el impulso y la voluntad de justicia que faltaban en un mundo materialista, dominado por un grosero y cruel dominio del más fuerte sobre el más débil, de esclavitud económica impuesta por unos pocos sobre las grandes masas humanas, y de brutalidad y tiranía por parte de los que disponen de la fuerza.

¿Podía el estudiante de Universidades europeas mostrarse indiferente a la cuestión social? ¿No era su obligación estudiarla en todos sus extremos? Europa se debatía en la crisis de la post-guerra. Para detener la catástrofe, las potencias militares intentaron reconstruir políticamente el mundo. Pero nada hicieron por restaurar la moral cristiana amenazada por los partidarios de la explotación del hombre por el hombre, y por la revolución marxista basada en la dictadura del proletariado.

Aquel frenesí que produjo la guerra, amenazaba con hundir al género humano en mayor miseria moral que en los mismos días de la matanza. Para el creyente de corazón sólo quedaba un camino: el señalado por la Iglesia. Anticipándose al desastre, la palabra pontifical de León XIII había producido, en las postrimerías del siglo XIX, la Encíclica "Rerum Novarum ", documento de suprema sabiduría en el cual el Sumo Pontífice expuso la doctrina social católica, que se levanta sobre las bases inconmovibles de la Justicia Divina. No podía sustraerme a la profunda influencia que en mi ánimo produjo la lectura de aquel compendio de sociología cristiana, indudablemente inspirado por Dios y respaldado por la sabiduría de siglos de la Iglesia de Cristo; y a ello se debió mi deseo de estudiar mejor las doctrinas del cristianismo social condensadas en textos de esa procedencia. Y mi anhelo fue ampliamente satisfecho: todo cuanto podía esperar en respuesta a mis inquietudes está previsto y anotado en el Código Social, Esbozo de una Síntesis Social Católica, documento emanado de la Unión Internacional de Estudios Sociales, fundada en Malinas en 1920, bajo la presidencia del Cardenal Mercier. Allí, como en la Encíclica de León XIII, se hace el más admirable análisis de la vida humana, pero no desde el punto de vista del individualismo negativo, ni del materialismo negador, sino partiendo de la concepción cristiana de lo que son el hombre, la Sociedad y el Estado, pero sin deificar al hombre, como el individualismo; sin deificar al Estado, como el Socialismo; y sin deificar a la Sociedad, como el sociologismo positivista.

Esa es la historia de las ideas y sentimientos que sembrados en la juventud han fructificado al correr de los años en la obra de la reforma institucional de mi gobierno, obra que condensa un esfuerzo por elevar la posición moral y económica de los trabajadores y que, si contiene errores, no emanan éstos de su prístino origen. Cúlpese en todo caso a las personas, que estamos expuestas a errar, pero no a las ideas que son producto de la experiencia secular de la Iglesia y fruto de la inspiración de aquellos excelsos varones, cuyo amor por Dios y por la Humanidad fue el manantial en que bebieron su sabiduría.

Pasaron los años universitarios. Con optimismo y ardor juveniles, el estudiante convertido en Médico, regresó a su patria. ¿Y qué encontró en la tierra de sus mayores? Le esperaba una dolorosa y terrible experiencia. Su pueblo, habitante de una tierra feraz y rica, se moría de dolor y de miseria. ¡Cuántas noches aquel hombre esperanzado tuvo que doblar la cabeza y sentir en su corazón una buena parte de responsabilidad en la angustia y desamparo de los desheredados! Estaba en presencia de una profunda injusticia social. En aquellas tristes viviendas, sin aire y sin luz, postrados por la enfermedad y la indigencia, muchos hombres rendían su alma al Creador, sin dejar a sus hijos ni un mendrugo que llevarse a la boca en su orfandad. ¿Y era aquél el premio de una vida de trabajo y sacrificio? ¡Y cuántas veces era la madre, mal alimentada, la que moría al dar a luz, porque el hijo le arrebató hasta las últimas reservas vitales de su debilitado organismo!

No menos doloroso y patético resultaba el caso del padre de familia enfermo que no pudiendo devengar su raquítico salario, no podía proveer a su familia de alimentos ni adquirir las medicinas para combatir su enfermedad. Esos trabajadores sumidos en la miseria, sin la menor protección contra las contingencias de la edad, la invalidez, la enfermedad y la muerte, nos movían a un tiempo mismo a una piedad profunda y a un sentimiento de natural rebeldía. ¿Cómo puede ser justo ese tratamiento económico para quienes con sus familias forman la médula y la gran masa de nuestra nacionalidad? Fácilmente se comprende dónde está el problema. A esos hombres se les ha negado todo aquello a que, por su trabajo, tenían derecho.

Para ellos la caridad o la beneficencia resultan impropias, por humillantes. La sociedad les debe una retribución que puedan reclamar, y que por ello mismo, no deben implorar. Son víctimas de una injusticia y distan mucho de ser una carga para los elementos o grupos sociales que han empleado su fuerza y se han aprovechado de su actividad económica.

El médico no puede engañarse, ni puede mostrarse insensible. Cuando la enfermedad se origina en la desnutrición y los organismos carecen de la defensa puesta en ellos por la Naturaleza, las medicinas sobran, o mejor dicho, son ineficaces. ¡Y qué decir de los niños de nuestras clases pobres, a quienes en cierta forma se les niega su derecho a la vida! ¿Podrá sentirse orgulloso de su nacionalidad un hombre que contempla esos cuadros de miseria y no trata de remediarlos en la esfera de sus posibilidades? Pero, ¿qué puede la caridad aislada o la tardía asistencia del Estado, cuando el mal es profundo y radica en causas que se sustentan en la cuestión económico-social? En el médico estaban vivas y fuertes las ideas del estudiante. No iba a cruzarse de brazos. Tampoco podía erigirse en juez de los que usufructuaban esa miseria y esa postración del pueblo. El cristianismo social, a diferencia de los marxistas o de los partidarios de la deificación del Estado, no espera alcanzar la justicia arbitrariamente, por la violencia. El odio no es un buen fin, ni es justo ni lógico usarlo como arma. Se puede y se debe luchar contra la injusticia, pero no sustituir la dictadura económica existente por la dictadura del proletariado, o de cualquier otra clase social. Debemos sentir la necesidad de luchar contra el mal que se hace a los desvalidos, pero no enderezar y querer el mal para los otros sectores de la sociedad. Creer que la justicia se hace, o debe hacerse, como una venganza, como una necesaria represión a actos de grupos dirigentes o poseedores de la riqueza, es un error que ha costado mucha sangre inocente. Tan mala es la violencia de los de arriba, como lo es la de los de abajo. Frente a esos antagonismos, inevitables choques de ideas y de tendencias de las múltiples ideologías, se siente la necesidad de apelar a un poder superior al de los hombres que por lo mismo concilie toda convivencia de los grupos humanos en una posibilidad de vida en común, basada en la justicia, que elimine la lucha de clases; fundamentada en la comprensión y en el espíritu de verdadero cristianismo, de modo que conduzca a una solución de las crisis y desconciertos que dominan las sociedades modernas.

Las ideas que el problema social despertaban en mi pensamiento, lejos de separarme de mi credo cristiano, me llevaron a considerar más seriamente la doctrina social de la Iglesia.. Comprendí, desde el primer instante, que el movimiento de Cristianismo Social, que habían condensado la Encíclica de León XIII y el Código de Malinas, contenían las fórmulas más aplicables a nuestra realidad inmediata, si se interpretaba ésta lealmente. Vino luego, ya iniciada mi carrera política, la Carta Encíclica de Pío XI, sobre la restauración del orden social, publicada el 15 de mayo de 1931, al cumplirse el cuadragésimo aniversario de la "Rerum Novarum". Ese documento pontificio, ponderado por la experiencia de cuarenta años de intervención de la Iglesia en las cuestiones sociales, en una época de intensos cambios en ese orden y de sobre agudizada lucha económica reafirmó, amplió y consolidó mis convicciones ya formadas, que son para mi conciencia imperativos que al ascender al Poder fueron los puntos cardinales de mi conducta como gobernante. ¿Podría yo, acaso, volver la espalda, a la misión que me tocaba cumplir? Es muy posible que mi conveniencia y mi comodidad me indicaran un camino menos áspero y difícil que el que señala en esas materias la doctrina de la Iglesia. Tenía ante mí esta alternativa: o gobernaba atendiendo a los intereses creados, por más que ellos representan la perpetuación de los privilegios y predominios basados en el injusto trato económico dado a las clases trabajadoras, o bien, me disponía a cumplir con mis deberes como Jefe de un Estado que gobierna a un pueblo de tradición eminentemente católica. O toleraba, dentro de mí mismo, la existencia de un sentimiento de cobardía, renunciando al derecho -quizá al deber- que mi pueblo había puesto en mis manos, de intervenir con mi autoridad para buscar un remedio a la inmerecida indigencia de los proletarios y para procurar el advenimiento de normas e instituciones que mejoraran la condición económica, moral y social de nuestros campesinos y obreros, o iba derechamente al cumplimiento de mis ideales de mayor justicia en la vida nacional. Por eso en mi Mensaje de 1940 declaré que mi gobierno sustentaría, en lo político, la doctrina del cristianismo social, tal como la exponen las admirables Encíclicas de León XIII y Pío XI, y como las sintetizara el Cardenal Mercier en el Código de Malinas de que he hablado.

Al enunciar así una política de gobierno bajo tan augusto patrocinio, no ignoraba yo todo lo que esa promesa significaba. En primer término no desconocía que ello implicaba el propósito, superior a mis fuerzas, pero en el que era mi deber poner todo empeño por lograrlo, de procurar la redención del proletariado nacional. Recordaba las palabras pontificias contra los que piensan que el justo orden de las cosas está en que todo se rinda para ellos y nada llegue a los obreros; y también para la clase de proletarios que sólo están dispuestos a luchar por el único derecho que ellos reconocen: el suyo.

Estaba, por fortuna, capacitado para darme cuenta de la gravedad del problema. Estudié, sin pasión y sin odio, -como aconsejaba Tácito que se escribiera la historia-, no los medios de despojar a unos para darle a los otros, sino la necesidad de despertar en el seno mismo de la opinión pública, las fuerzas y direcciones que el pensamiento colectivo necesita seguir para encontrar una solución adecuada y pacífica del conflicto entre el capital y el trabajo, que no puede soportar un proceso de creciente desequilibrio sin causar la ruina de nuestra paz interna y enconar la lucha de los distintos grupos económicos que coexisten en nuestro medio social.

Sabía yo que el problema más difícil es el de la miseria, el de la inexorable indigencia de nuestras familias campesinas; y, sin embargo, comprendí que lo social debe anteponerse a lo económico, para que lo uno sea consecuencia de lo otro. No se me ocultaba que mi esfuerzo, por grande que fuera, por mucho que quisiera abarcar, tendría que quedarse corto; pero no desconfié de las virtudes innatas y del profundo sentido de justicia de mi pueblo, y no tengo por qué arrepentirme.

Quedaba, para mí, el más arduo aspecto del problema planteado: el camino a seguir. Existe siempre el peligro de desacertar en la solución de todos o de cada uno de los aspectos que es necesario conocer a fondo para no caer en lamentables injusticias. Mas no había perplejidad en mi pensamiento. La doctrina social contenida en las Encíclicas podrá parecer, hasta cierto punto, y como es natural, ayuna de orientaciones de carácter técnico, desde el momento que aquellos documentos pontificios tratan la cuestión moral y la de la justicia en el orden social, pero no podrán ni pueden resolver, el aspecto técnico de los problemas económico-sociales.

Pero ahí estaba una segura y luminosa guía: el Código Social de Malinas. Si la Iglesia, como tal, ha aceptado una legítima inspección sobre la vida económica, -ya que entre la economía y la moral hay relaciones de profunda compenetración-, justo era que a la vez proporcionara el compendio o el método para llegar a una solución práctica de la cuestión social, de acuerdo con los postulados que los Sumos Pontífices expusieron en las tantas veces citadas Encíclicas.

A quien haya estudiado sin prejuicios el Código de Malinas, no pueden causarle sorpresa estas declaraciones mías. La admirable síntesis social expuesta en ese trabajo de la Unión Internacional de Estudios Sociales comprende el más vasto estudio de todos los problemas de ese orden, aun cuando no sería prudente intentar una aplicación estricta de todas las recomendaciones contenidas en ese trascendental documento.

Un gobernante democrático, de un poder muy limitado y reducido a un período de cuatro años, sólo puede contentarse con tomar de esa admirable doctrina aquellos puntos o bases que tiendan a darle mayor equilibrio a las instituciones que garanticen, al menos, la convivencia de las distintas clases económicas, y que constituyan el fundamento de la justicia y solidaridad sociales para el hombre que trabaja, representadas en los elementales derechos que dignifiquen su vida y lo hagan amar a su patria, que de esa manera le protege. Eso he hecho o, al menos, eso intenté hacer.

Para confirmar mis ideas y que éstas tomaran contacto con la realidad, pensé aplicarlas, no de un modo extensivo, sino de un modo restrictivo. Todo problema social tiene múltiples aspectos, como tiene múltiples posibles soluciones. Creí por ello, que concretando el esfuerzo siquiera a uno de los puntos que forman el complejo económico-social costarricense, podía hacer más que si trataba de establecer una labor de conjunto que, por una razón inexorable, habría debilitado la efectividad de mi esfuerzo en favor del proletariado nacional. Es decir, que reduje todo el programa de acción de mi gobierno a un enunciado simple, pero en extremo importante: "elevar la condición económica, moral y cultural de las clases trabajadoras". Para lograr tales propósitos traté de intensificar, por medio de la Secretaría de Salubridad, una política de asistencia pública, dirigida a robustecer las fuerzas vitales de la población, creando para ello el organismo indispensable: el Consejo Nacional de Nutrición. Paralelamente dispuse sanear las poblaciones centralizando, mediante una ley, el suministro de agua potable de todas las .cañerías construidas o por construir. Para evitar los efectos de la miseria de los hogares campesinos sobre la infancia escolar, estudié la forma, concretada posteriormente en ley, de nutrir al niño al mismo tiempo que se le instruye, considerando ambas acciones como propias y obligatorias del Estado. Era también indispensable pensar en que, para sanear nuestra población, es medida de esencial trascendencia calzar a nuestros peones, y se comenzó por los niños de edad escolar, para poder curarlos de sus parásitos intestinales y para fortalecer los medios de defensa de su salud en la edad del desarrollo.

Y así también traté de defender a nuestro proletariado en el coste de vida y se le amparó contra los males del agiotismo y acaparamiento de víveres.

También se ha protegido a los trabajadores por medio de la Ley de Inquilinato, que los ampara contra las posibles alzas injustificadas de los alquileres de las casas que habitan, y que les garantiza contra todo abuso a que una situación de emergencia pueda dar lugar. Empeñoso ha sido el esfuerzo de mi Gobierno para dar apoyo económico a entidades que, como la Junta Nacional de la Habitación y la Cooperativa de Casas Económicas "La Familia", tienden a proporcionarles a nuestros obreros y campesinos los medios y oportunidades para que lleguen a convertirse en dueños de sus propias viviendas y para que constituyan así un patrimonio para sus hijos que, a la vez que alcen la herencia de trabajo, reciban lo que el esfuerzo de sus padres conquistó.



Ahora bien, la defensa económica del proletariado no ha obtenido su completo desarrollo y es mi propósito llegar a una revisión de los salarios, como base orgánica del futuro bienestar de nuestras clases trabajadoras.

Pero, para esos movimientos surgidos de las necesidades sociales, se imponía introducir en nuestra propia Constitución, fraguada al calor del liberalismo de 1871, una consagración de la existencia del derecho o obrero, en una forma institucional como cristalización de una mayor justicia en el trato económico para nuestras gentes pobres. Es corriente el criterio de que al aceptar ideas sociales que en algo se opongan a la extrema dictadura económica de las clases propietarias, se hace un acto revolucionario y de subversión de los valores morales de nuestra pequeña República. No entienden, quienes tal piensan que, lejos de padecer eclipses bajo un régimen más equitativo -en cuanto a la distribución y goce de la riqueza producida por el trabajo en las masas humanas-, la democracia resplandece, se afirma y se robustece, como consecuencia de una mayor armonía social.

Las críticas que se han hecho a la Reforma Constitucional de las Garantías Sociales confirman mi pensamiento. No se refieren al fondo mismo de la cuestión. Se reducen a plantear reparos en cuanto al procedimiento, al alcance y definición jurídica de los conceptos, a diferencias y matices de carácter formal de escasa importancia. ¿Pero, quién osaría negar el derecho de todo hombre a exigir que su trabajo, lejos de proporcionarle miseria y esclavitud, le brinde al menos una vida digna para él y para los suyos? ¿Quién podrá oponerse a que el trabajador se asocie, en el sindicato reconocido legalmente para defender, mediante contratos colectivos de trabajo, su derecho a una justa retribución por la labor que desarrolla? ¿Quién podrá negarle amparo y asistencia en su vejez al hombre que ha dado durante todo el curso de una vida laboriosa y dura, sus fuerzas físicas, toda su capacidad de trabajo, para hacer producir la tierra o para aumentar la riqueza común? ¿Dónde está la persona o la entidad que pueda fundamentar una negativa a que se consagre el principio de que el pobre no es una carga ni puede condenársele a la mendicidad cuando la pobreza sobreviene por incapacidad orgánica para el trabajo, por las causas originadas en la edad, la enfermedad o la invalidez? ¿Cómo podríamos justificar, ni ante el concepto" humano de justicia, ni ante los ojos de Dios, que nuestra infancia campesina crezca mal alimentada, sin conocer la leche, sin resistencia para las enfermedades que la azotan? ¿Cómo negar la ayuda que la sociedad organizada debe a toda madre para que dé a luz hijos sanos y fuertes para la lucha por la vida? El Seguro Social de maternidad, administrado como un deber de todos y no como una caridad obligada, ¿no es la más justa compensación para el niño que viene a recibir la herencia de miseria que le legan sus padres, de recursos económicos mínimos e insuficientes?

Si como hombre me sentía obligado a no cerrar los ojos ante la gravedad de este problema, -de tan vastas perspectivas y tan escasas probabilidades de solución con los medios existentes-, como gobernante esa inquietud tenía necesariamente que tomar cuerpo y demandar de mis modestas capacidades todo esfuerzo y empeño para orientar el Estado costarricense a una acción social que. sin dejar el cauce tradicional y democrático, remediara, por lo menos en parte, esa situación de injusticia. No iba a intentar una reconstrucción de las instituciones económicas, ni a trastornar el orden social establecido, pero podía y debía proponer, como base de mi programa de gobierno, la creación de instituciones que, como los seguros sociales de carácter obligatorio, establecieran un sistema que descanse en el principio de ahorro, con la triple contribución de los obreros, los patronos y el Estado.

El Poder Ejecutivo, en su exposición de motivos al enviar al Congreso el proyecto de ley estableciendo en Costa Rica los Seguros Sociales obligatorios, expuso, ampliamente, las razones de orden social y económico que fundamentan ese paso de mi Gobierno, como única fórmula que armoniza los intereses en pugna del capital y el trabajo, pues tiende a establecer como bases de las relaciones humanas los eternos principios de justicia y solidaridad cristianos, frente a los cuales no existen, o no deben existir, diferencias de clases, sino únicamente hombres que sufren y hombres que tienen el deber de aliviar esos sufrimientos.

De otra parte, no creo necesario repetir que al establecer los seguros sociales de enfermedad, maternidad, invalidez, vejez y muerte, se trató de obtener lo que ha faltado a nuestra democracia: un régimen de trabajo realmente humano, desprovisto de todo indebido privilegio, de modo que exista una protección adecuada y eficaz para los trabajadores contra los riesgos profesionales y sociales.

También debe reconocerse que el establecimiento de un organismo como la Caja Costarricense de Seguro Social realizará, para provecho de los asalariados y de todos los empleados a quienes cubre ese sistema de seguridades colectivas, una centralización de los problemas relativos al trabajo y a su justa retribución en todos los ramos de las actividades nacionales.

Es evidente que toda institución que establezca obligaciones que entrañen sacrificios o aportes económico, por pequeños que éstos puedan ser, provoca al principio en el medio social contribuyente, una reacción de resistencia y oposición.

Por cualesquiera que sean los intereses que se opongan, la ciudadanía debe comprender que la importancia que tiene para la comunidad una conquista como la de los seguros sociales obligatorios es verdaderamente decisiva. El ideal es que, mediante la educación y la propaganda bien orientadas, el público mire a los seguros sociales como necesarios y obligatorios, en la forma en que lo son actualmente los servicios de correos y policía. Entonces se habrá logrado crear verdadera conciencia sobre estos problemas, y se tendrá la noción de que la estabilidad y la paz internas de la nación dependen del éxito, desarrollo y funcionamiento de las instituciones que vengan a regular la actividad de los distintos grupos económicos representados por las clases sociales, desgraciadamente colocados en posiciones antagónicas, pero no irreconciliables.

Para completar esta exposición, debo referirme a la reforma constitucional de las Garantías Sociales. La idea no es fruto de un capricho, ni se originó en ningún cálculo político. Se inspiró, simplemente, en los mismos sentimientos de amor a la patria viva; se originó en las necesidades sociales y en el deseo de dar un moderno sentido a la Constitución, para adelantamos a situaciones que, de no ser previstas y remediadas a tiempo, acarrearán males incurables a nuestra nacionalidad. Fue, pues, esa iniciativa una consecuencia obligada de lo que, con los seguros sociales obligatorios, se había esbozado; y fue también un deber que se impuso para remediar las fallas de nuestro régimen de trabajo y de nuestros sistemas de retribución del esfuerzo de los que necesitan sus salarios, jornales y sueldos para su mantención y la de sus familias.

¿Hay peligroso extremismo o negación de los legítimos derechos de alguien en querer garantizarle al hombre que trabaja un salario o sueldo mínimo, suficiente para cubrir sus necesidades normales y las de su familia en lo material, moral y cultural? ¿Es atentar contra la estabilidad de las instituciones democráticas y contra la conservación de nuestras tradiciones republicanas establecer que el trabajo es un deber social del ciudadano mediante cuyo cumplimiento adquiere el derecho a una existencia digna, de acuerdo con sus propias capacidades? ¿Es acaso un crimen de lesa Patria, declarar que el trabajador agrícola gozará de los mismos derechos que el trabajador urbano? ¿Contra quién se comete una injusticia al pedir que sea norma de nuestras relaciones sociales el precepto constitucional de que "a trabajo igual en idénticas condiciones corresponderá siempre un salario o sueldo igual, sin distinción de sexos"? ¿Es, por ventura. un hecho que perturbe 13 marcha normal de los negocios o de las actividades industriales privadas, el que se reconozca, en nuestra carta fundamental, como inherente a la personalidad humana, el derecho de los patronos y trabajadores de organizarse para los fines exclusivos de sus actividades económico-sociales? ¿Es poner en peligro la estabilidad social reconocer el derecho de los patronos al paro y el de los trabajadores a la huelga?

Juzgo que el Presidente López ha estab1ecido claramente, en uno de sus luminosos mensajes, la verdad de estas situaciones de hecho, al declarar ante el Congreso de Colombia que "lo único de temer en un Gobierno es que la conformidad general esté acusando que no se ha quebrantado ningún interés ilegítimo, ni se ha modificado ninguna situación de privilegio, ni se ha pretendido corregir la injusticia, con perjuicio de los beneficiarios de las situaciones injustas".

Ahora bien, para llevar a la práctica esas ideas y sentimientos que eran fruto de mis convicciones personales, no procedí ni con desorden ni con pasión. Cada paso, así como todas y cada una de las decisiones, fueron meditados, en consulta y en constante cotejo con las realidades de nuestro medio social. También acudí a las fuentes autorizadas y sometí mis ideas a la prueba de los más rigurosos estudios comparativos y de los más severos análisis. No me empeñé en ningún momento en hacer prevalecer mis ideas. Cedí cuantas veces fue necesario para no constituirme en obstáculo, ni convertirme en árbitro de situaciones fuera de mi controlo rebeldes a mis deseos.

Procuré, ante todo, amoldarme a la realidad sin pretensiones de obligar a ésta a amoldarse a mi pensamiento o a mi capricho. Sabía que iba a exponerme a una reacción inmediata, que daba armas a mis enemigos y que los ataques más duros y más injustos caerían sobre mi gobierno. Pero consideraba que ninguna oportunidad mejor para el país, que ningún momento más propicio para llevar a su realización esas reformas sociales, que los que pueden presentarse en los días de prueba que la guerra traerá a la nacionalidad. No me resignaba a dejar a otros y para los días de fortuna y abundancia, el sacrificio que para todo gobernante significa cualquier reforma social que proteja al débil y levante al desvalido. Por ello desoí las censuras de los sistemáticos opositores a todo progreso social, que nunca encuentran oportunidad ni nunca aceptan la urgencia de reformas que limiten el imperio de los privilegios o atenúen el rigor de los feudalismos establecidos. No por eso creo haber sido infalible en mis designios. Atendí a la lógica simple de los hechos y a la ley de dinámica social que imprime movimiento y acción a los principios que he sustentado antes y en el ejercicio del Poder. Aplazar el planteamiento del problema, como algunos aconsejaban, habría equivalido a dejar inermes, sin protección alguna, a nuestras clases trabajadoras, que son las que más duramente han de soportar las contingencias adversas y las profundas conmociones que en el orden económico sobrevendrán como consecuencia del conflicto bélico que hoy cubre los cinco continentes del mundo.

Consideré, también, que todo momento es propicio para reparar una injusticia, porque es del dolor y de la miseria colectiva de donde arrancan las más encendidas e irreconciliables pasiones que, lejos de construir, destruyen, que lejos de llevar a situaciones de equidad arrastran al caos y a la anarquía. Y así procedí sin violencia, pero sin vacilaciones, determinado a l1evar adelante, aun a costa de los mayores sacrificios, las reformas sociales que figuraron como bases de mi programa de gobierno, ya que podría decir, sin jactancia, que incesantemente me he empeñado, no en procurar el engrandecimiento de una personalidad política, sino en el leal cumplimiento de mi deber, pues que sitúo, por sobre mi vanidad y mi orgullo de hombre, el bienestar de mi pueblo. No me ciegan prejuicios clasistas, ni me mueven pasiones personales. Cuando nuestra industria del café estuvo amenazada de ruina y el inmenso capital que aquélla representaba se sintió en peligro, no vacilé en sacrificar una de las mejores rentas fiscales, porque el Estado no puede arruinarse y subsistirá siempre. En cambio, la miseria de los productores habría significado el hundimiento definitivo de nuestra economía. No miré a quiénes beneficiaba, porque al salvarlos de la bancarrota, originada en causas extrañas a su voluntad, salvaba el pan y el bienestar de miles de costarricenses. Lo mismo podría decir de otras industrias agrícolas a las que he tratado de impulsar sin medir sacrificios, en el propósito de respetar nuestras tradiciones económicas.

Cuando se trató de la industria cañera, mi preocupación fue la de proteger por igual los intereses de los propietarios de ingenios y los de los pequeños productores, sin causar perjuicios al pueblo consumidor. Muchos de los que me lean, reconocerán en mis palabras la sinceridad que inspiró la actitud del gobierno al buscar una solución al problema de la industria de la caña de azúcar, y al mantener una política de franca protección a esa actividad, que proporciona el sustento a miles de hogares en todo el territorio de la República.

Pero así como he estado de parte de quienes crean riquezas, cuando necesitaron, para subsistir, del apoyo del gobierno, no olvidé, ni podría olvidar a los hombres que no cuentan con otra arma para defenderse en la vida que sus brazos debilitados. He procurado que mi simpatía por nuestros campesinos y obreros, no sea una figura retórica, sino que he tratado de identificarme con sus necesidades y limitaciones, de acercarme a esos hermanos humildes con el corazón limpio de prejuicios. Y he sentido, oyendo sus voces y escuchando sus quejas, que sus dolores y sus miserias no pueden sernos indiferentes, porque el descontento, la miseria, la carencia de estímulos personales, las desigualdades económicas, no deben subsistir en una democracia bien organizada-. La pobreza, como fenómeno eminentemente social, no ha de hacerse a un lado; y debemos evitar que la injusticia agrave el conflicto existente entre los que todo lo tienen y los que de todo carecen. Los gobernantes de esta obra estamos obligados a orientar nuestra acción en el sentido de rebasar el simple concepto clásico de la caridad. Debe llegarse a la concepción avanzada en sociología, que afirma que el pobre pertenece a la comunidad; es decir, que la comunidad está obligada a preservarle de la miseria, pues ha utilizado su fuerza de trabajo antes de su empobrecimiento. Y nada más aplicable a Costa Rica, en donde nuestra clase campesina necesita todo apoyo para salir de la postración económica en que vive por la insuficiencia de los salarios. Ningún esfuerzo más legítimo ni más propio del Estado que el que se dirige a aumentar las reservas vitales de la nación y a remediar aquellos aspectos que anulan la democracia efectiva que debe vivir nuestro pueblo.

Por esa razón, impuesta por las circunstancias, otro de los proyectos de mi gobierno se dirige a una liberación económica de aquellos campesinos que, por su laboriosidad, merezcan el estímulo del Estado, mediante las donaciones de tierras que les permitan convertirse en pequeños productores y propietarios. El hombre así estimulado, podrá considerarse emancipado de toda servidumbre y tendrá arraigo y amor a la tierra. La división de la propiedad raíz es la condición esencial para que el concepto patria tenga un significado positivo y entrañe una obligación de preservarla de todos los peligros que la amaguen, moviendo a una acción conjunta mayor número de hombres dispuestos a defender su patrimonio y a luchar por el perfeccionamiento de las instituciones que le garantizan a él y a los suyos, el goce tranquilo de las conquistas de su esfuerzo y de su industria.

Ahora bien, para dar consistencia a la obra social no había otra alternativa que la de consagrar en un Código de Trabajo las conquistas representadas por los Seguros y las Garantías Sociales. Proceder de otro modo habría sido dejar inconsistente, sin firmeza, todo lo que en ese terreno se había construido; era condenar a una eliminación segura muchos de los conceptos jurídicos que en Estados Unidos, México, Cuba, Colombia, Chile y Bolivia han creado un clima de mayor justicia y de más elevada moral colectiva. Por esas razones mi gobierno nombró la Comisión Codificadora que dotará al país de un conjunto de leyes y disposiciones que garanticen a nuestras clases trabajadoras su derecho a una existencia digna, a alcanzar un nivel humano de vida.

En el planteamiento del problema agrario, que tiene tantos aspectos de suma importancia social, siempre me ha preocupado la situación de los mal llamados "parásitos", que cultivan la tierra sin preguntar de quién es, porque ellos viven la ley de la montaña, la ley de la naturaleza que sólo se rinde al que lucha contra ella y la vence. Esos hombres que abren su camino en el corazón de la jungla, en desigual combate con todas las inclemencias, sin más ayuda que su esfuerzo y sin más aliento que sus propios arrestos, merecen toda mi simpatía. Y o les admiro porque son los verdaderos conquistadores de la tierra, la cual les pertenece como el aire que respiran, y no creo que ningún costarricense pueda creer que se hace mal protegiéndolos, sea por la acción del Estado o de leyes que no les condenen a una ineludible miseria. Por eso la ley promulgada recientemente tiende a amparar a esos recios luchadores que en las regiones apartadas del país, son como heraldos de la civilización y llevan sobre sus espaldas la penosa tarea de abrir al esfuerzo humano, nuevos horizontes, nuevas perspectivas de desenvolvimiento agrícola, como premio a su laboriosidad y a su tenaz y fuerte espíritu de lucha.

Pero todo hombre está sujeto a error. Para mí no es inadmisible la idea de que, no obstante la rectitud de mi intención pudiera yo haber incurrido en equivocaciones o en extravíos de criterio. Si ello fuere así, puede estar seguro el país de que yo seré el primero en reconocerlo y en procurar la rectificación del procedimiento injusto o del juicio errado. Me queda, eso sí, la profunda satisfacción de que no fui ni puedo ser sincero para con mis ideales, de que no he buscado provecho personal o político con

mis actuaciones de gobernante, sea en el terreno social, sea frente al fenómeno de la creciente miseria que pesa sobre nuestro pueblo, digno de mejor suerte y de mayor felicidad sobre la tierra.

Comprendo que la obra social apenas se inicia; que para quienes la intenten, como lo he hecho yo, no habrá otro beneficio que una cosecha abundante de amarguras y sinsabores. Comprendo, asimismo, que lo que pueda haber realizado, vale bien poco. Pero estoy seguro de que los gobernantes que en años venideros tengan que confrontar, -como los he confrontado en una época de emergencia y trastorno universales-, los graves problemas originados en la miseria de las grandes masas de la población que pertenecen a nuestras clases trabajadoras, podrán llenar otras etapas de la ardua lucha y completar lo que es hoy una primera piedra del gran edificio que tendrá que construir la nacionalidad costarricense, para afianzar su progreso y cultura futuros, y para garantizar, si cabe decirlo, no sólo a los desheredados de la fortuna el disfrute de sus legítimos derechos, sino también a las clases propietarias el goce de sus bienes y de la paz social, que tanto necesitan para el mantenimiento de su riqueza y bienestar actuales.

San José de Costa Rica

Setiembre de 1942