martes, 23 de febrero de 2010

Nada que ver. No es conveniente,ni oportuno,revivir los odios del 48

Nada que ver.  No es conveniente,ni oportuno,revivir los odios del 48

Manuel Formoso
Tomado http://www.nacion.com/ln_ee/2009/agosto/18/opinion2061760.html
   

Doña Ana Piza, periodista, publica en La Nación ( Foro, 07/08/09) un artículo titulado “La figura de don Otilio Ulate”, en el que afirma que “el Tribunal de Elecciones fue una propuesta de don Otilio Ulate, no de don Teodoro Picado como el artículo de don Manuel Formoso quiere dar a entender”.

Con todo respeto, le digo a doña Ana Piza que don Otilio Ulate no tuvo nada que ver con la creación del mencionado Tribunal de Elecciones, pues en la época en que era candidato a la presidencia, ese Tribunal tenía varios años de existir.

Documento serio. Recomiendo a doña Ana el excelente libro de don Fernando Soto Harrison Qué pasó en los años 40 (EUNED, 1995). Allí, aparecen por lo menos tres artículos que tienen que ver con la gran reforma electoral: “Discusión pública sobre la gran reforma electoral” (p. 215), “La gran reforma electoral en el Congreso” (p. 225) y “En qué consistió la gran reforma electoral” (p. 281).

Don Fernando Soto Harrison documenta muy bien que la gran reforma electoral se realizó a finales del año 1945. En ese momento, don Otilio Ulate era un conocido periodista y político, pero no era candidato a la presidencia.

Por el contrario, sí lo era al terminar la “Huelga de los Brazos caídos” (agosto, 1947), que es cuando doña Ana afirma que el Tribunal Electoral fue una propuesta de don Otilio para terminar con la mencionada huelga. Es posible que a lo que se refiere doña Ana Piza sea a un documento que se firmó en ese momento y en el que se pide el nombramiento inmediato de los integrantes del Tribunal Nacional Electoral que debía hacerse, no en agosto, sino en octubre de ese mismo año.

Años turbulentos. Doña Ana nos propone a todos los que vivimos esa historia de los años 40 que nos pongamos a contarla. En esa época yo era muy joven y lo que más le puedo decir es que pusieron una bomba en el periódico La Tribuna , que mi padre dirigía, que destruyó parte de su maquinaria y mató al guarda. También en la casa en Guadalupe, donde vivíamos pusieron otra bomba, que derribó gran parte del frente donde estaban los dormitorios de mis padres y una hermana. Milagrosamente nadie murió. Sin embargo, mi padre perdió un oído y mi hermana sufrió algunas heridas. Además, los daños materiales fueron considerables.

Doña Ana, usted bien sabe que los años 40 fueron turbulentos, de grandes enfrentamientos, tan profundos, que llegaron a la división de algunas familias. Fue necesario que pasaran varios años para que muchas de esas heridas sanaran. De modo que no es conveniente, ni oportuno, revivir los odios del 48 y este artículo no tiene más intención que aclarar un equívoco de su parte y buscar la verdad acerca de lo que pasó en esa época.

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