martes, 23 de febrero de 2010

Tres mitos del 48. Don Teodoro Picado fue abstemio

Tres mitos del 48
• Don Teodoro Picado fue abstemio

Manuel Formoso
tomado de http://www.nacion.com/ln_ee/2002/agosto/31/opinion3.html

Para quienes gustamos de la política, sobre todo de la historia de sus principales ideas, nos parece lo más lógico que sea una disciplina en la que, en alguna medida, reine la razón. Pero la práctica dice lo contrario: casi no hay política, sino pura politiquería, en la que dominan más los mitos que las verdades.

Una mirada a la década de 1940 muestra que, pese a notables logros políticos –Reforma social del doctor Calderón Guardia y Reforma electoral del licenciado Teodoro Picado– reinó gran irracionalidad en la lucha por el poder y al menos tres mitos, con consecuencias muy importantes, que hasta fecha reciente se han tenido como verdades históricas: 1) Las elecciones presidenciales de 1944 las perdió don León Cortés gracias a un inmenso fraude que le dio la victoria a don Teodoro Picado; 2) Las elecciones de 1948, sin duda, las ganó don Otilio Ulate; 3) El presidente Picado, abrumado por mil problemas, vivía perennemente ebrio para sobrevivir a la tragedia política de su administración.

Fraude innecesario. En cuanto al primer mito, un brillante estudio histórico del doctor Iván Molina Jiménez, de la Universidad de Costa Rica (Cuadernos de FLACSO, N.° 120, octubre, 2001), demuestra, con numerosas estadísticas y análisis pormenorizado de hechos significativos, que don Teodoro Picado gozaba de gran caudal político, sobre todo entre los trabajadores, maestros e intelectuales, por su participación activa en la aprobación de la Reforma social calderonista desde la Presidencia del Congreso, y don León Cortés, por el contrario, había perdió numerosos votos por haberse convertido en el candidato de los ricos, opuestos al progreso social. Pero, además, EE. UU. –en guerra con la Alemania nazi– intervino en el proceso electoral al hacer saber al Ministro de Seguridad Pública que tenía que asegurarse de que el candidato Cortés perdiera, porque jamás permitirían que un político con simpatías por los nazis llegara al poder en Costa Rica. Entonces, el fraude que se hizo en 1944, para complacer y calmar a EE. UU., fue innecesario porque el licenciado Picado de todos modos habría ganado las elecciones (Véase Qué paso en los años 40, F. Soto Harrison, EUNED, 1995)

En cuanto a que don Otilio Ulate ganó las elecciones presidenciales de 1948, el estudio del doctor Molina, de todas las circunstancias que incidieron en esos comicios, hace muy evidente que no existió ninguna certeza del candidato vencedor, porque el cómputo realizado por el flamante Tribunal Electoral fue incompleto y muy irregular; además de que en el Registro Electoral hábiles maniobras impidieron que numerosos calderonistas y vanguardistas votaran en las provincias en que tenían mayoría.

Una infamia más. En cuanto a que don Teodoro Picado era un alcohólico que vivía constantemente embriagado, fue una más de las infamias de una sistemática campaña de desprestigio contra el Presidente, lo cual explica que el proceso electoral de 1948 estuviera dominado por la irracionalidad, la violencia por ambas partes y un odio intenso entre los contendientes, como pocas veces se ha visto en Costa Rica. Solo en este clima tan propicio para que el mito se imponga sobre la verdad se explica que todavía se siga diciendo que don Teodoro –que fue abstemio– era un gran borracho. Dos personas de reconocida honorabilidad, el licenciado Máximo Quesada Picado, Ministro de la Presidencia (como se dice hoy) de don Teodoro, y el licenciado Fernando Soto Harrison, a su vez Ministro de Gobernación y amigo de toda una vida del presidente Picado, han afirmado, en repetidas ocasiones, por escrito y de palabra, que don Teodoro jamás se tomaba un trago.

Imposible. Por eso sorprende que el actual Presidente de la República, comentando la imagen que los niños tienen hoy del Presidente, recordó la que él tenía de varios mandatarios cuando era niño; elogia la grandeza de don Ricardo Jiménez, la puntualidad de don León Cortés y el humanismo del Dr. Calderón Guardia, pero lamenta el pésimo ejemplo que daba don Teodoro, tomándose unos tragos. Es imposible que don Abel haya podido ver a don Teodoro embriagado, por la sencilla razón de que nunca tomaba, pues toda su vida fue abstemio.

A don Abel, que el cargo de Presidente de la República le ha dado un gran empaque de respetabilidad y le ha ganado el cariño de sus gobernados, no creo que le cueste mucho reconocer que lo que dijo –un recuerdo de hace más de 50 años– está enturbiado por el poder del mito y muy lejos de ser verdad.

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