martes, 23 de febrero de 2010

Valoración de Julio Rodríguez sobre el Pacto Figueres Olsen - Calderón Fournier, en el cual fue uno de sus artífices

Valoración de Julio Rodríguez   sobre el Pacto Figueres Olsen - Calderón Fournier, en el cual fue uno de sus artífices



Tomado de http://www.nacion.com/ln_ee/1996/mayo/03/opinion2.html

Fue fructífero o perjudicial el acuerdo o pacto Figueres-Calderón, suscrito el 28 de abril de 1995?

La respuesta reside en los resultados: un conjunto de proyectos de ley con peso específico propio, orientados a atacar problemas estructurales de nuestra sociedad y que sin este pacto y un acuerdo nacional entre el PLN y el PUSC jamás se habrían aprobado en la Asamblea Legislativa.

Este pacto tuvo, asimismo, un profundo contenido ético y político, sin el cual el sistema democrático no puede funcionar: la unidad en lo esencial y el diálogo sostenido con la mira puesta en el interés público, sin sujeción a prebendas, botines o contubernios. Estos fines requieren, de parte de los actores, funcionarios, dirigentes o diputados, humildad y grandeza de espíritu, vocablos desusados en el quehacer político, ávido de escaramuzas y mandobles. Si Costa Rica quiere resolver sus graves problemas estructurales, que nos abaten y enmarañan, no tiene más camino que la unidad en lo esencial. La unidad que un pueblo forja en una guerra.

Ha molestado a algunos que Figueres y Calderón se calificaran hijos de caudillos. ¿Es que hay algo más cierto que ellos son hijos de dos caudillos? Tan cierto como que yo, Julio Rodríguez, soy hijo, a mucha honra, de un telegrafista de San Joaquín de Flores de Heredia. Se ha dicho también que este pacto le restó independencia a la Asamblea Legislativa. ¿Es posible, acaso, aprobar proyectos de ley de fondo en una democracia sin un diálogo sostenido entre el parlamento, el Poder Ejecutivo y los dirigentes políticos de los partidos? Esta actitud, en vez de debilitar al parlamento, lo fortalece. Por ello, hoy se prefiere hablar de interdependencia de poderes.

Para algunos lo malo de un acuerdo es el acuerdo, no el contenido. Obviamente, si se sataniza la realización de un acuerdo y se deja de lado la bondad de su contenido, todos los sofismas y extremismos son posibles. Ni la critica es signo de independencia o de coraje, ni el reconocimiento del mérito del adversario presagia sometimiento. Todo depende del contenido y coherencia de la crítica y de la razón que funda el elogio o el reconocimiento.

Desde este punto de vista, la censura o satanización del acuerdo Figueres-Calderón o de las negociaciones entre el PLN y el PUSC en estos meses exigen, necesariamente, no un ejercicio retórico o un desahogo político, sino el análisis del contenido de las leyes promulgadas. Si se prueba que estas son perniciosas o inconvenientes, los acuerdos han sido perversos. Si, por el contrario, han sido buenas y necesarias, debe aceptarse el instrumento que procuró su cristalización: los pactos y los acuerdos, inspirados en el interés público, en cuyo caso hablar de cogobierno por una serie de negociaciones o por un pacto carece de sentido.

En fin, por la naturaleza misma de la democracia y por los formidables desafíos que nos avasallan, debemos seguir transitando por la senda del diálogo, de la negociación, y -requisito capital- decidir con acierto y celeridad. El tiempo es un tesoro inestimable que ha de explotarse con talento y responsabilidad.

Toda sociedad civilizada reposa sobre un gran pacto, nutrido de valores, vivencias, principios y tradiciones. El sistema democrático, por su parte, descansa en él y, al mismo tiempo, se despliega y actúa en el diálogo y el constante acuerdo de voluntades de sus diferentes sectores y dirigentes.

Paz y pacto tienen, como sabemos, la misma raíz etimológica. Paz aquí significa -como el vocablo hebreo Shalom- ausencia de guerra, pero, además, bienestar, concordia, victoria, bendición... El camino de la reforma, del progreso y de la paz, así concebida, pasa necesariamente por una sucesión de pactos o acuerdos en todos los niveles de nuestra sociedad. El de Figueres y Calderón, hace un año, fue una invitación y un poderoso impulso en esta dirección.

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